por Paty Rodríguez

Después de cinco largos años de ausencia, el dúo estadounidense nos trae un álbum que rescata sus agrestes orígenes de garage, conjugándolos con un sonido más pulido del que nos mostraron en sus discos anteriores a Let’s Rock.

El resultado es un disco excelente, una oda a la guitarra eléctrica del rock clásico, un material que la mayor parte de los fans de The Black Keys disfrutará. Y seguramente, también acercará a nuevos escuchas a la banda, pues si a uno le preguntan por los Keys, fácilmente podrá recomendar este nuevo álbum.

Los sencillos que ya habían sido dado a conocer anteriormente parecían indicar que Dan Auerbach y Patrick Carney  habían regresado al sonido de los primeros álbumes. En “Eagle Birds”, por ejemplo, apenas se notaban los coros femeninos: eran la contundente y animada batería y los enérgicos riffs distorsionados los que reinaban el pulso de la canción. Lo mismo ocurría con “Go” y “Lo-Hi”, piezas que nos llaman al headbanging y a la guitarra de aire. Tal vez  Thickfreakness (2003) y Magic Potion (2006) ya no estarían tan lejos en esta nueva etapa.

El inicio del álbum parecía confirmar las sospechas que habíamos ido alimentando con los sencillos y las reseñas de semanas pasadas. Sin embargo, esta primera impresión no tardaba en esfumarse conforme íbamos escuchando el álbum como conjunto.

Let’s Rock nos recibe con un riff lleno de energía, sumamente distorsionado, al que se le agregan la batería, los acordes y el bajo. Se trata de “Shine A Little Light”, la primera canción del disco y una de las más notables. Después, siguen “Eagle Eyes” y “Lo/Hi”, canciones que ya conocíamos, ambas piezas excelentes que nos invitan a subir el volumen como en los viejos tiempos. Pero pronto, uno se da cuenta de que esta faceta rústica de garage era tan sólo una faceta del nuevo material.

Cuando comienza a sonar “Walk Across the Water”, sabemos que Let’s Rock ha dado un giro radical. A mí me emocionó. Esta suerte de power ballad tiene un inicio de sintetizador, más coros, voces intervenidas y riffs que en vez de ocupar protagonismo, adornan la armonía que generan los instrumentos en su totalidad. Además, la letra es una belleza: “veo a mi alrededor, toda la conmoción/ luego camino a través del agua por ti”. Después suenan canciones como “Tell Me Lies”y “Every Little Thing That You Do” , que  aunque tienen momentos cercanos a las canciones del inicio, nos llegan a recordar un poco a los éxitos del álbum pasado, Turn Blue: el más melancólico, el más alejado del sonido “original” de los Keys.

Después regresan algunas canciones de garage rock menos producido: “Breaking Down”, “Under the Gun” , la última “Fire Walk With Me”. Aún así, ninguna está exenta de los coros femeninos, de los filtros de sonido para la voz, de una que otra figura con el sintetizador. Para este punto, ya estamos cien por ciento seguros de que no hemos vuelto al génesis estilístico de The Black Keys. Es por eso que algunos fans nostálgicos pudieron haberse sentido decepcionados con el nuevo álbum. Hay quien dice que El Camino (2012) fue el  punto culminante del dúo y de ahí han ido para abajo. Pero nada más lejos de la realidad.

Let’s Rock es una producción fresca, el resultado de 17 años de evolución en Auerbach y Carney. Un canto nostálgico a su manera, por las gloriosas décadas de los 60 y 70 en el rock. Hace algunos meses, los chicos de Greta Van Fleet retaron a los consumados Keys a que demostraran de qué están hechos. Let’s Rock es la respuesta del dúo. Pareciera que nos dicen cuán fundamentales son para mantener  vivo al rock n’ roll en nuestros días.

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