por Jerónimo Arellano Zandi

Entre 1988 y 1991, viví en el Reino Unido. La era de la primer ministro Thatcher estaba por finalizar y yo era un niño de ocho años al que le gustaba el horror y la ciencia ficción.

Channel 4 era un canal pequeño, alternativo a la BBC, gracias al cual mi vida cambió para siempre con su show Creature Feature que se transmitía los viernes a las once de la noche.

Creature Feature era un formato de televisión que nació en Estados Unidos donde transmitían películas de horror. Sin embargo, cuando yo comencé a seguir el programa se concentraron en pasar todas las películas de Godzilla de los estudios Toho.

Las once de la noche era un horario muy pesado para un niño de ocho años pero dejaba la videocasetera grabando la transmisión para poder verla los sábados por la mañana.

Godzilla es la franquicia más longeva del cine con 35 películas, 32 de ellas japonesas y 3 hechas por Hollywood. Es de los pocos personajes del celuloide que han logrado reputación y proyección mundiales sin ser gringos. En México, en Kenia y en Irán, por mencionar algunos países, el “gran reptil” era conocido.

En 1954 se estrenó la primera Godzilla, dirigida por Ishirō Honda. La trama comienza con la desaparición de varias embarcaciones en el mar y “algo” alterando el comportamiento de los pescados de la zona. Se revela que la causa es Godzilla, un reptil que había estado latente en el fondo del mar pero que despertó debido a unas pruebas nucleares. Dicha criatura causa mucha destrucción en el país y culmina con un ataque a Tokio. La comunidad científica defiende estudiar al monstruo mientras el Estado desea aniquilarlo. De hecho, uno de los temas que trata la película es el conflicto entre la naturaleza y el daño que le ha hecho la humanidad.

Godzilla representa la venganza del ecosistema que traerá equilibrio de vuelta al mundo. Al final, se decide acabar con la amenaza usando una súper arma creada por el científico Serizawa quien está en contra de matar a Godzilla. Sin embargo, accede después de ver los daños causados por la criatura. El plan es colocar la bomba del científico en el fondo del mar para acabar con Godzilla.

Empero, Serizawa, quien siempre temió que los países le exigirían construir más súper armas, quema sus apuntes y, después de colocar la bomba, cierra su tanque de oxígeno y muere junto a Godzilla. Su objetivo: llevarse los secretos de su arma a la tumba.

Japón se rindió después de que los Estados Unidos tirara dos bombas nucleares sobre poblaciones civiles. El pueblo nipón experimentó de primera mano el poder destructivo de las armas que definirían la Guerra Fría que duró más de 40 años.

El trauma de dicha desolación influyó en la cultura y el arte japoneses, desde el cine hasta la literatura y así, Godzilla nace como una metáfora anti-guerra. Es por eso que jamás fue una película tradicional de monstruos y el mensaje sigue siendo relevante.

Sin embargo, este mensaje sólo está presente en algunas de las entregas de la franquicia. Es casi imposible mantener un “mensaje profundo” en 35 películas. Las buenas tramas y/o mensajes son como ligas: si las extiendes demasiado se revientan.

Por esta razón, hay una evolución en el personaje de Godzilla, quien se transforma en una especie de anti-héroe que defiende a la humanidad de otros monstruos gigantescos y civilizaciones extraterrestres que desean conquistar el planeta.

Aquí comienza el aspecto divertido de Godzilla: un súper héroe que sale del mar cuando el mundo está en peligro. Los humanos no lo pueden controlar y no hay una batiseñal para que venga a nuestro rescate, él está más allá de la comprensión humana y ninguna criatura es demasiada para él: Ghidorah, King Kong, Mechagodzilla, Gigan, etc.

Parte del encanto de las películas es la técnica de Suitmation,  que consiste en actores usando los trajes de la criatura mientras se mueven en un escenario a escala de toda una ciudad. Comparada con la calidad de CGI da risa, pero los actores dentro de los trajes lograban darle rasgos a las criaturas que las técnicas de animación digital no logran. De hecho, se volvió común que usaran gestos y movimientos de la lucha libre, dándole cierto folclor al asunto.

Esta franquicia me hizo crecer. Me hizo más empático a los animales a mi alrededor y me expuso otras formas de narrar historias, el estilo japonés en este caso. Además me recordaba a México ya que sentía una similitud entre las películas de luchadores y las de Godzilla.

Aunque han pasado muchos años, cada vez que sale una nueva cinta, la voy a ver y llevo a mis sobrinos porque Godzilla es un ícono pop mundial, un héroe sin discursos o ideologías que no pelea por una bandera. Es un avatar de la naturaleza que te castigará si transgredes pero también otorga vida. Es un misterio.

 

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