por Miguel Mora Vargas

El sol también es una estrella (The Sun Is Also a Star, EUA, 2019) está basada en la novela homónima de Nicola Yoon, escrita por  Tracy Oliver y dirigida por la experta en temas  de romances juveniles Ry Russo-Young. La película es un relato sobre lo que significa ser un inmigrante en Estados Unidos en el clima actual, donde la política presidencial es cada día más agresiva con los extranjeros que intentan quedarse a vivir en ese país.

Situada en la ciudad de Nueva York, la cinta se centra en la historia de Natasha Kingsley (Yara Shahidi), quien tiene un día para cambiar su condición de inmigrante ilegal y la de su familia antes de que sean deportados de los Estados Unidos a Jamaica.

En la búsqueda desesperada por conseguir una prórroga, el destino hace que se encuentre con Daniel (Charles Melton), también hijo de inmigrantes, quien está a punto de tener una entrevista para ingresar a la Universidad a estudiar medicina y así complacer el deseo de sus padres.

Es  en el transcurso del día en que estos dos jóvenes van a conocerse y a enamorarse a pesar de tener formas opuestas de pensar, el reto, como le dice Daniel a Natasha, es que al final del día ella se enamore de él.

Ambos recorren la ciudad, por lo que la producción de la cinta no desaprovecha la oportunidad para mostrarnos los lugares más comunes y emblemáticos de la gran metrópolis como  Brooklyn, Queens,  la Estatua de la Libertad,  la Grand Central Station, hasta llevarnos al tranvía de Roosevelt Island, en donde Daniel intenta  conquistar a  toda costa a Natasha, en un día lleno de contrastes que está marcado por la inaplazable amenaza de la deportación.

Natasha intentará mantener a su familia en EUA hasta el final, sin embargo, la posibilidad de obtener una prórroga se diluye con el tiempo así como el amor fugaz entre los dos jóvenes, dejándonos una respuesta al final de la cinta que deberá descubrir el espectador.

Aunque la película trata de mantenernos atentos a lo que va a pasar  con el romance melancólico que nos plantea la directora  Ry Russo-Young, es obvio que no puede durar, porque es una apuesta perdida.  Tal vez lo interesante de El sol también es una estrella es el contexto donde se desarrollan los personajes, que hace que con sus actitudes esbocen una ligera crítica a las políticas de inmigración de Estados Unidos en la actualidad.  Pero aunque la película trate de incorporar de manera grotesca todos los elementos posibles para ser un producto inclusivo y políticamente correcto, la historia  se ve acartonada y forzada por los caprichos de un guion que tiene que cumplir con la premisa resolver todo antes del amanecer.

Sin embargo, el trabajo del cinematógrafo Autumn Durald Arkapaw, es bastante satisfactorio durante todo el recorrido por las calles de Nueva York, pero desgraciadamente no solo de imágenes se sostiene una historia, por lo tanto su labor cumple pero no trasciende porque el tema no se lo permite.

Lo que llama la atención es la insistencia en crear temas sobre personajes que aman a un país  que los desprecia profundamente, por desgracia, este tipo de cintas que tratan este tema tan delicado, no profundizan y no logran crear en el espectador una sacudida suficientemente fuerte para crear grupos de conciencia que sepan afrontar el terrible drama de las deportaciones. Puede ser que el error consista en tomar un asunto tan serio, como un tema para una comedia romántica para adultos jóvenes.

El sol también es una estrella es una película para los que quieran ver imágenes Nueva York acompañadas de frases del astrónomo Carl Sagan. Actualmente en cartelera. 

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