por Montserrat Pérez Bonfil

¿Alguna vez has reparado en la emoción que despierta estar ante una gran catedral gótica? Asombro, admiración y sobrecogimiento son los sentimientos que nos provocan esas majestuosas edificaciones.

El estilo gótico se originó en los poderosos monasterios de la región parisina y dominó gran parte del arte y la arquitectura europeos desde mediados del siglo XII hasta bien entrado el siglo XVI. En la Edad Media, los gobernantes de Europa Occidental competían para ver quién construía la catedral más gloriosa y, gracias a esto, se edificaron hermosas catedrales e iglesias con naves y torres altísimas y paredes con enormes vitrales.

Pero no sólo las catedrales son sorprendentes, al menos a mí siempre me ha parecido fascinante pensar en aquellos hombres que, a pesar de la hambruna y las enfermedades que se vivían, pusieron a trabajar su imaginación para, con tecnología por demás rudimentaria, transformar bloques de piedra, madera y plomo en magníficas obras de arte.

Según el maestro e investigador Robert Scott, el proceso para construir una gran catedral gótica era extremadamente complejo. Antes  de iniciar la construcción, se requería una planificación total: se tenía que saber cuáles serían las partes que conformarían la catedral, así como su apariencia final. Además, los constructores tenían que prever cómo adquirir y pagar los materiales requeridos, y también contemplar  la contratación de suficiente mano de obra para lograr la culminación del proyecto. De hecho, las catedrales eran la más grande ofrenda que un pueblo podía hacer a Dios, por eso era todo un orgullo para las poblaciones  que buscaban la trascendencia espiritual. Prácticamente todos los miembros de la sociedad participaban en su construcción, aportando fondos o mano de obra.

Las catedrales góticas representaban tal orgullo para los poblados que cuando había invasiones, el peor insulto era derrumbar la torre de la catedral del pueblo conquistado, y ya fuera ésta la razón del derrumbe o que las ganas de construir un edificio demasiado alto para las posibilidades de la época lo hacían caer por tierra, los miembros de la Iglesia reconstruían la naves colapsadas una y otra vez.

Una característica del estilo Gótico son los arcos ojivales que dan sensación de gran altura y, a diferencia de las construcciones románicas, el interior de las catedrales góticas está inundado de luz. Debido a esto, se tuvieron que inventar nuevas maneras de construir bóvedas, arcos y contrafuertes que permitieran dejar huecos en las paredes para las ventanas y rosetones. La luz que entra a través de los vitrales simboliza la presencia divina.

La empresa de construir una catedral era un compromiso que llevaba, en ocasiones, siglos poder cumplirlo. Por ejemplo, la construcción de la catedral inglesa de Salisbury inició —según algunos registros— en 1220 y culminó un siglo después, en 1320. Esta fantástica catedral, que posee la aguja más alta de todo Inglaterra, la puedes ver en la cinta Sensatez y sentimientos (Ang Lee, 1995, EUA, Reino Unido)  desde la casa de la Señora Jennings (Elizabeth Spriggs).

El surgimiento del Gótico coincide con la consolidación de la monarquía como una fuerza centralizada. En tan solo 100 años, aproximadamente 2,700 iglesias góticas se construyeron en la región de Île-de-France. Entre éstas se encuentra la catedral de Nuestra Señora de París, mejor conocida como Notre Dame.

El pasado 15 de abril, el mundo entero fue testigo de cómo un grave incendio puso en riesgo toda la edificación y, aunque se salvó una parte, el fuego  arrasó con gran parte del techo y derribó la gigantesca aguja que coronaba la construcción. Norte Dame tiene una larga historia desde que comenzó a edificarse en el año de 1163 y ha sido escenario para un sinfín de películas entre las que destacan:

El jorobado de Notre Dame ( William Dieterle, 1939, EUA) Es la primera adaptación de la obra clásica de Víctor Hugo en la que  Quasimodo, el campanero de Notre Dame, rescata a una gitana de ser enjuiciada injustamente.

Sin aliento (Jan-Luc Godard, 1960, Francia), en este clásico del cine francés, Jean Seberg (Patricia Franchini) es una estudiante de periodismo que se hospeda en un hotel cercano a la gran catedral parisina.

Otra de mis favoritas es Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001, Francia y Alemania) donde la pequeña Amélie es testigo de la muerte de su madre causada por un suicida que salta de Notre Dame.

Y aunque hay muchas otras cintas para las que este icono de la arquitectura gótica ha sido escenario, la última que mencionaré será Medianoche en París (Woody Allen, 2011, España, EUA y Francia), en la que vemos cómo Gil (Owen Wilson) viaja en el tiempo para conocer a grandes figuras de la vanguardias artísticas del siglo XIX, todo con París y su catedral como testigos.

En los días en que surgió el estilo Gótico se le llamaba “estilo francés”, pero con el tiempo el estilo pasó de moda y el término “gótico” se popularizó en el siglo XVI gracias al artista e historiador italiano Giorgio Vasari, quien lo consideraba un estilo de bárbaros y, para llamarlo de forma peyorativa, lo relacionó con los godos (Goths)que fueron los invasores germánicos que destruyeron la civilización clásica del Imperio Romano.

Las catedrales góticas son hermosas joyas, casas dedicadas a Dios que, con su gran altura, invitan a los fieles a dirigir sus miradas al cielo y alientan a los feligreses a seguir los pasos de los santos porque en los vitrales, frecuentemente, se representaba su vida.

Mahler, Upjohn, Wingert,  History of World Art, Oxford University Press.

Scott, R. A., (2003) The Gothic Enterprise, A Guide to Understanding the Medieval Cathedral, University of California Press, Berkeley,
1 reply
  1. Leonila Torres
    Leonila Torres says:

    Gracias por tu invitación a disfrutar el Arte! Solo me hace falta muchísimo dinero para viajar hacia los lugares que mencionaste en tu artículo! Como siempre excelente narración! Ni Avelina Lesper! Hubiera podido lograr tu descripción!

    Responder

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