por Roberto Fco. Ponce

El mundo fantástico de Aladdín regresó en versión live action: una adaptación que, sorprendentemente, roza en calidad y diversión al clásico animado de Disney de 1992.

Para los incrédulos de este tipo de remakes con actores reales y efectos por computadora, habrá que decir que se trata de una digna entrega con los elementos necesarios para atrapar al público que se perdió la animación de los noventa.

Después de adaptaciones poco convincentes como El Libro de la Selva o Dumbo, se tenían pocas esperanzas puestas en Aladdín, pero el director británico Guy Ritchie (Snatch: Cerdos y Diamantes) supo resaltar las actuaciones de Mena Massoud quien interpreta al humilde joven Aladdín, y de Naomi Scott quien hace el papel de la princesa Jasmine; sin dejar de darle su lugar protagónico al divertido genio de la lámpara, interpretado por el carismático Will Smith.

Para los escépticos o críticos del “Pincipe del Rap” hay que decir que Will Smith cumple de buena forma a pesar de que por momentos los efectos por computadora lo hacen ver un poco artificial. Y es que en este sentido el CGI (Imágenes Generadas por Computadora) es un poco exagerado como en casi todas las producciones live action pero no disgusta. Lo anterior se nota principalmente en las escenas de los animales como el mono Abú, el tigre de la princesa Rajah y el loro rojo Iago, el mensajero Jafar (Marwen Kenzari); por cierto, la actuación de este último es la más débil de todas.

La nueva versión de Aladdín, al igual que la cinta animada, se inspira en el cuento “Aladino y la lámpara maravillosa” de “Las Mil y una noches”, que cuenta la vida de una ciudad ficticia en el Lejano Oriente en la que un malvado hechicero encarga a un joven ladrón recuperar una lámpara mágica dentro de una cueva en el desierto.

Lo que sí tiene este remake —una calca de la narrativa de la animación de 1992—, son chistes bien logrados, divertidos y espontáneos encabezados por el genio de la lámpara y Dalia (Nasim Pedrad), la doncella que funge como confidente de la princesa.

Contra todo pronóstico, Aladdín es fresca en humor, números musicales y muy entretenida, pero será difícil que reemplace a la cinta de 1992, sobre todo para la generación que creció con la magia de la versión animada.

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