por Miguel Mora Vargas

Carnívoras (Carnivores, Francia- Bélgica, 2018) es la ópera prima de los conocidos actores belgas Jéremie y Yannick  Rénier con la que nos traen un thriller pasional en el que compiten las personalidades de dos hermanas dedicadas a la actuación.

Escrita en colaboración con Bulle Decarpentries, Jérémie Guez, Yaël Langmann y Agnès de Sacy, la película está diseñada en dos partes, como si fueran dos grandes capítulos. En un principio, vemos cómo Mona (Leila Bekhti), al salir del conservatorio, lucha por obtener algún papel como actriz, pero a pesar de tener un futuro brillante, es Samia (Zita Hanrot), su hermana menor, la que destaca y rápidamente se vuelve una actriz reconocida.

La vida no es fácil para Mona, la falta de recursos la obliga a mudarse a la casa de su hermana, que está pasando por una crisis emocional debido a la enorme carga de trabajo. Al llegar, Mona descubre que la situación familiar es tensa, la relación con Manuel (Bastien Bouillon), el esposo de Samia está siendo afectada por la ausencia permanente de su hermana, y el pequeño Tom (Octave Bousset), hijo de ambos, sufre las consecuencias.

Aunque Mona trata de ayudar convirtiéndose en la asistente personal de su hermana, la situación las rebasa, porque el vínculo familiar es insostenible y las exigencias del director Paul Brozek (Johan Heldenbergh), en la película en la que trabaja Samia, son cada vez más estrictas, provocando un estado de asfixia que termina en crisis, llevando a Samia a tomar la decisión de desaparecer de su realidad y alejarse de todo por un gran tiempo sin dejar rastro, así que Mona tendrá que hacerse responsable de la familia, apropiándose de un rol que no le corresponde.

Esta sustitución de funciones es solo el preámbulo de algo que ya hemos visto en el cine y que consiste en ver cómo un personaje devora el rol de alguien que no se puede sostener, de ahí el título de Carnívoras.

Sin embargo, la historia no acaba ahí, un año después, cuando todo parece acomodarse, Samia llama sorpresivamente a su hermana el día del cumpleaños de su hijo. Mona se estremece y va tras ella cambiando el ritmo de la historia, transformando la cinta en una road movie de “suspenso”.

Por desgracia, los resortes de la trama no se sostienen en esta segunda parte y la película pierde fuerza, entre otras cosas porque la anécdota principal de la cinta se resuelve desde la primera parte del metraje.

A pesar de que los directores Jéremie y Yannick  Rénier, cuentan con los elementos para crear una gran trama, no solo por ser actores y conocer el terreno que pisan, sino por ser hermanos, la historia que cuentan pierde fuerza y el desenlace no logra sorprender.

Aunque las actuaciones cumplen, en ningún momento trascienden, tal vez porque el elenco no tiene las cualidades para llenar la pantalla grande; son actores que si bien sostienen el papel, no logran transformarlo y volverse entrañables.

Aunada a una dirección convencional, pero que cumple, la fotografía a cargo de Georges Lechaptois, tampoco sorprende: solo es eficiente. Se centra en los personajes, utilizando un mayor número de primeros planos en la primera parte de la cinta que se desarrolla en espacios cerrados y, por el contrario, en la segunda parte se vuelve luminosa, predominando los planos abiertos, porque los lugares lo requieren. En resumen, es un trabajo convencional bien realizado.

Carnívoras participó en el Festival Internacional de Shanghai, donde obtuvo el Premio al logro artístico sobresaliente, en 2018. Si quieres pasar el rato sin alterarte, la puedes ver en Cineteca Nacional.

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