por Miguel Mora

Francofonía, (Francofonia, le Louvre sous l’Occupation, Francia, Alemania, Paises Bajos, 2015) es un ensayo cinematográfico en donde se mezclan escenas históricas y de ficción basadas en hechos reales que narran el momento de la ocupación de París por el ejercito alemán en 1940, y las consecuencias que esto ocasionó al Museo del Louvre, considerado el mayor refugio cultural de Europa.

La película comienza con una videoconferencia del director de la cinta, Alekxandr Sokurov, y el capitán de un barco que partió del puerto de Amsterdan con un cargamento de obras de arte. La conexión es mala y la imagen se pixela constantemente. El buque está en medio de una tormenta y le cuesta trabajo mantener la estabilidad, por lo tanto, la seguridad de las obras que transporta en los inmensos contenedores están en peligro.

Todo esto no es más que una metáfora con un profundo pensamiento eurocéntrico que habla del destino de Europa representado por un buque cargado  de obras de arte que va a la deriva,  pero  conforme avanza la historia esta parte llega a convertirse en una subtrama, que no estorba al resto del relato, pero que sigue presente.

La verdadera estructura de la película se basa en un hecho real que consistió en proteger las obras de arte más importantes que albergaba el Museo de Louvre durante la ocupación Nazi.

El conflicto  se centra en dos personajes,  uno es Jacques Jaujard (Louis-Do de Lencquesaing), el director de los museos nacionales de Francia en 1940, y Franz Wolff-Metternich (Benjamin Utzerath), un oficial alemán encargado de proteger las obras  y resguardarlas para usufructuarlas  al “triunfo” del Tercer Reich.

Lo paradójico  de estos dos personajes es que se unificaron en una causa común para preservar parte de la cultura universal en un momento en el que el nazismo estaba arrasando con el continente y con sus patrimonios históricos.

En Francofonía, al igual que hizo en El arca rusa (Rusia, 2002), Sokurov va narrando la cinta, elemento que le da el monopolio de la anécdota y lo vuelve omnipresente, haciendo  de su discurso una interpretación subjetiva.

En medio de la trama, aparece otro elemento característico de la cinematografía de Sukorov, los fantasmas. Esta vez se trata de  Marianne (Johanna Korthals Altes) que representa a la República Francesa, y que junto con Napoleón (Vincent Nemeth), se pasean por el interior del Louvre observando cuadros en donde los dos están representados, las palabras “liberté, egalité, fraternité” se repiten constantemente, así  como las frases de Bonaparte con las que insiste en reivindicarse del logro de haber obtenido todas las obras que hay en el museo.

Dentro del relato existe una especie de reclamo histórico por haber respetado el patrimonio del Louvre mientras los ejércitos hitlerianos destruían Leningrado, pero a final de cuentas la trama se centra en la relación entre Jacques Jaujard y Franz Wolff-Metternich y el resguardo de las obras.

Francofonía es un buen experimento cinematográfico en donde la mezcla del documental y la ficción está muy bien compaginada, creando una armonía visual poco vista. El tratamiento de las partes de ficción concuerda con los tonos y colores opacos y azulados del resto del material que componen el film.

En ese aspecto, la fotografía a cargo de Bruno Delbonnel cumple de manera excepcional con la idea de conservar un estilo parejo en todo el metraje. Además, el tratamiento que le da Sukorov a la ficción al presentar las escenas recreadas con actores en un formato antiguo, con un cuadro académico en donde se ven las orillas de la película, las marcas del sonido óptico y las perforaciones de la cinta, hacen que el espectador se compenetre y crea que se trata de pasajes reales de la historia.

A pesar de que la película ubica a Europa como el centro de la cultura universal,  lo cual la vuelve localista, el planteamiento de ver al museo de Louvre como un barco que estuvo a punto de naufragar y advertir que se puede repetir la metáfora con el rumbo actual de la política en el continente, susceptible de sufrir otro cataclismo como el de la Segunda Guerra Mundial. Sukorov abre la puerta para reflexionar en qué orden se debe de salvar a la humanidad, si son primero las personas o las obras de arte que hablan de su historia y de su cultura.

Francofonía se proyectó en la sección principal de la competencia del 72º Festival Internacional de cine de Venecia y en la sección de Maestros del Festival Internacional de cine en Toronto 2017.  Una película que mezcla con buena armonía el pasado y el presente.

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