por Fernanda Ferrer

El uso de un estilo particular en el cine de terror ha ido cambiando según los miedos específicos de la época y, si alguien ha formado parte del mainstream canónico del cine de género a lo largo de varias generaciones, ese es Stephen King. Por eso, hemos decidido llevarte a hacer un breve recorrido por algunas adaptaciones cinematográficas de la obra de King que han dominado cada década:

70s Atmósferas inquietantes 
Carrie (Brian De Palma, EUA, 1976)

El sello distintivo que predominó en el terror de los 70 fue la creación de ambientes inquietantes. La selección híper planificada del color en el diseño de arte y la fotografía, además de la incorporación de sonidos ajenos a la naturaleza de la historia, aunado al uso de movimientos de cámara abruptos que aportaban una sensación vertiginosa, sirvieron para construir atmósferas ambiguas y muchass veces surreales.

El cine de los 70 fue el resultado de los cambios sociales ocurridos en las dos décadas anteriores, que pasaron de una estructura conservadora y tradicional para retomar la rutina familiar después de la guerra, a la liberación sexual, política e ideológica de los 60. Se dio un florecimiento de temáticas demoníacas y fantasmagóricas, debido a que la sociedad estaba cada vez más alejada de la religión y le temía a la carga emocional que implicaba la familia.

Las restricciones en el uso del lenguaje, la desnudez y temas violentos se relajaron un poco, dando pie a que muchos realizadores tomaran el camino del cine de explotación (género que trata temas moralmente escandalosos, haciendo uso excesivo de la violencia, las drogas y el sexo). Aún con eso, la gran mayoría prefirió generar tensión y ansiedad en su público antes que sólo crear un festín gore.

Es en esta década que un joven Stephen King publica su primera novela, Carrie, que narra la historia de una adolescente tímida y retraída, hija de una madre ultra religiosa y víctima de abusos constantes por parte de sus compañeros de escuela. En medio de su confusión adoleschente, la chica descubre que posee poderes telequinéticos y los usa para obtener cierto control sobre su vida, pero los resultados son catastróficos. Con esta historia King convierte las intensas emociones de la vida adolescente en material para el horror.

En 1976 Brian De Palma la llevó al cine. De Palma, quien también era novato en aquel entonces, convirtió la novela de King en una cinta de horror clásica que a la fecha sigue teniendo impacto en el género. Los encuadres nos dan una perspectiva vouyerista y las tomas largas esa sensación inquietante característica de la década. Todo para culminar en una escena sangrienta que da el toque final a la esencia del horror setentero.

Tal vez si Carrie no hubiera sido un éxito en pantalla, el trabajo de King no hubiera fascinado en las décadas siguientes, pero gracias a su gran ejecución de De Palma, la cinta logró sobresalir en una época donde el terror dominó las taquillas.

80s  Horror sangriento 
Christine (John Carpenter, EUA, 1983)

Los 80 fue un periodo sensacional para los aficionados a las películas cargadas de sangre. En esta época las cintas se caracterizaron por sus colores neón, mayor uso de efectos visuales y bandas sonoras llenas de synth rock. También, y gracias al boom de la televisión por cable, las películas de bajo presupuesto trajeron la inclusión de la comedia al género de terror.

Los cineastas jóvenes estaban fascinados con la obra de Stephen King, así que directores como George A. Romero se aventuraron a hacer adaptaciones de sus historias, explorando el humor como subgénero del horror, como en Cuentos macabros (Creepshow, EUA, 1982)

El slasher (subgénero caracterizado por la presencia de un psicópata que asesina brutalmente a jóvenes con poca supervisión adulta, donde hay sexo o drogas relacionados) tuvo su máximo apogeo en el cine de los 80. Títulos como Halloween (John Carpenter, EUA, 1976) y Viernes 13 (Friday 13th, Sean S. Cunningham, EUA, 1980) serían los que abrirían la puerta para el nacimiento de las franquicias de terror.

En 1983, gracias a la poderosa combinación entre King y John Carpenter, aparece la cinta Christine, que sigue a un adolescente llamado Arnie y la manera en que su vida, la de sus amigos, la de su familia e incluso las de sus némesis escolares, son transformadas cuando Arnie compra un Plymouth Fury ‘58 poseído por un espíritu maligno llamado Christine.

La historia de un carro asesino podría caer en lo risible fácilmente, pero el logro técnico de Carpenter es equiparable a la prosa de King. El uso de la cámara y la musicalización logran darle al auto una presencia viva, amenazadora e inquietante. Carpenter entiende el género, la época y el mensaje; su estilo es una representación de la temática cínica adolescente, con un toque hilarante al estilo de las comedias de horror de bajo presupuesto que han transformado a Christine en una selección de culto.

90s La terrorífica realidad 
Misery (Rob Reiner, EUA, 1990)

Después de la intensidad sanguinaria y estridente de los 80, los 90 supusieron un giro drástico en el cine de terror. El slasher empezaba a cansar con las interminables franquicias que diluían la euforia inicial por el género y surgió una tendencia de películas de horror más experimentales, autoconscientes y diversas. También prosperó el terror psicológico, que contrastaba con lo chirriante de las décadas anteriores por su tono más apagado; estas cintas encontraban el miedo en la inestabilidad de la mente, más que en asesinos o demonios.

Rob Reiner, quien había adaptado Cuenta conmigo (Stand by me, EUA, 1986), decidió abordar la lenta tortura psicológica de Misery para contar la historia del renombrado novelista de terror Paul Sheldon, quien sufre un accidente automovilístico y Annie Wilkes, una aparentemente inofensiva enfermera, lo rescata para cuidarlo durante su recuperación. Annie, quien resulta ser una ferviente admiradora del escritor, empieza a demostrar sus propios trastornos y obsesiones, convirtiendo la estadía de Sheldon en una agonizante prisión que culmina en una lucha de poder entre los dos.

La autorreferencia de King es muy clara en esta historia y muestra los primeros dejos de un género donde las cosas se cuecen a fuego lento. La brillante dupla actoral que hacen Kathy Bates, como Annie y James Caan como el frustrado Paul Sheldon, junto con a la compleja exploración de los temores psicológicos del espectador, nos proporcionan un terror mucho más palpable.

00 Miedos conocidos 
La niebla (The mist, Frank Darabont, EUA, 2007)

Con la entrada del nuevo milenio, algunos hábitos cobraron fuerza: desde el found tape (técnica narrativa generalmente usada en películas de horror y falsos documentales donde todo o parte del material ficticio es presentado como si fuera real) que revivió a finales de los 90 con El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project,  Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, EUA, 1999); la explosión del torture porn (subgénero con alta carga de sadismo, mutilación y desnudos) cada vez más crudo y explícito, y la reaparición de las interminables franquicias de horror que buscaban la mayor recaudación con la menor inversión posible.

El terror también se vio influenciado por los atentados terroristas del 9/11 y, gracias a este evento, el entendimiento de las víctimas y la reacción humana ante la catástofre cambió por completo. Ya no era suficientemente terrorífico imaginar una amenaza del espacio o que algún demonio haría algo espantoso, ahora, la confusión humana ante las catástrofes y la idea de que nosotros pudiéramos ser presa de la desesperación era una pensamiento tangible.

Es así que en 2007 se estrena La niebla, donde un grupo de pobladores se queda atrapado en una tienda cuando una misteriosa niebla desconcierta a los pobladores de Small Town, Maine. Entre la confusión, la ciudad se llena de policías y militares y nadie parece entender qué está pasando.

Esta historia recolecta la influencia del terror cósmico de H.P. Lovecraft sobre King, pero Frank Darabont se toma libertades y, de esta forma, la versión cinematográfica se ve enriquecida y contextualiza la desesperanza y paranoía colectiva que invadía a la audiencia de la época. El mismo King, conocido por oponerse a los cambios importantes en su obra, declaró que las alteraciones  de Darabont convirtieron a La niebla en un clásico de horror.

10 Una nueva forma de consumir terror 
El juego de Gerald (The Gerald’s Game, Mike Flanagan, EUA, 2017)

Si los 00 llevaron el horror a audiencias internacionales gracias a la globalización, la segunda década del siglo ha potencializado y explotado este hecho. Además, a diferencia del siglo pasado, los costos para la creación de efectos visuales disminuyeron considerablemente. Esto se ha traducido en más efectos mejor ejecutados y mucho más recurrentes en la creación de criaturas que antes. Es por eso que se están retomando viejos títulos  de terror clásico para saturarlos de efectos computarizados en pos de llegar a audiencias a las que, tal vez, las versiones originales les parecían obsoletas.

En la década actual, el remake es la tendencia, incluyendo obras de King como Eso (2017), Carrie (2013) y la recientemente estrenada Cementerio de Animales (2019).

Pero algo que llegó a revolucionar la forma en la que se produce y se consume el séptimo arte fue la llegada de nuevos medios de producción y distribución a través de grandes cadenas de streaming como Netflix y Amazon. Esta nueva forma de ver cine ha permitido incluir nuevas voces en la escena.

Es así que en 2017, Netflix, bajo la dirección de Mike Flanagan, estrenó la adaptación del cuento corto de King, El juego de Gerald. Durante mucho tiempo, se consideró que éste era uno de los trabajos de King imposibles de adaptar al cine.

La historia se enfoca casi enteramente en una mujer que, por azar, queda inmovilizada en una habitación. Mientras la desesperación del aislamiento se apodera de ella, comienza una recolección de memorias y soliloquios que Flanagan aborda de manera teatral. El argumento es complicado, pero el director se las ingenió para generar un peligro latente y, a pesar de las limitantes del texto, logró una obra de gran libertad creativa.

Aquello que nos aterra como audiencia, cambia junto con la sociedad. Nuestros miedos son el reflejo de las experiencias colectivas y las ideologías que vamos adoptando. Dentro de estos cambios, Stephen King ha encontrado una voz que permanece y que ha inspirado a muchos cineastas para crear casi un subgénero del horror.

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *