por Miguel Mora Vargas

Parte del aire (Prendre le large, Francia 2017) es una película dirigida por Gaël Morel, escrita en colaboración con Rachid O. Trata, que trata sobre un fenómeno actual que acosa a muchos trabajadores en Europa: la “deslocalización de la producción”.

Dicho fenómeno consiste en el traslado de algunas fábricas instaladas en países desarrollados hacia países subdesarrollados para abaratar costos y pagar salarios bajos.

Parte del aire es película emotiva, sin complicaciones narrativas, que aborda temas que el director Morel conoce bien porque su padre fue un trabajador textil que sufrió los cierres de fábricas y despidos masivos de las últimas épocas.

La historia se ubica en un pequeño poblado de la provincia francesa en donde una compañía fabricante de textiles decide cerrar para trasladarse al Norte de África.

Edith Clarvel (Sandrine Bonnaire), viuda de 45 años, es una de las obreras afectadas que, junto con su amiga Nadia (Lubna Azabal), vislumbra un futuro aterrador sin oficio ni beneficio enfrentándose a la soledad de cada día.

Por su parte, la empresa les ofrece un generoso paquete de despido o la oportunidad de trabajar en la fábrica que se va a trasladar a Marruecos. Para sorpresa de sus empleadores, Edith decide mudarse a Tánger con tal de no perder su ocupación. Nada la detiene ante tal decisión porque, entre otras cosas, ha perdido contacto con Jeremy (Ilian Bergala), su único hijo que vive en París con su pareja y no tiene intenciones de hacerse cargo de su madre.

Sin embargo, su amiga Nadia trata de disuadirla explicándole los riesgos a los que se puede enfrentar, pero la decisión de Edith es terminante, por lo que vemos a una mujer sin ataduras y remordimientos cruzar el Estrecho de Gibraltar para iniciar una nueva vida en una ciudad en plena expansión, llena de construcciones y peligros para aquellos que no conocen las reglas del lugar.

A partir de aquí, el guion se vuelve muy predecible, porque la protagonista no hará otra cosa más que enfrentar las dificultades de un extranjero en tierra hostil.

El primer impedimento es el idioma, Edith no habla árabe y por lo tanto no entiende las señales de advertencia ante el peligro, así como tampoco las restricciones que el Islam impone a las mujeres, además, la vida en la nueva fábrica se vuelve un infierno y su estancia se torna complicada. La desconfianza y la falta de solidaridad de sus compañeras de trabajo va en aumento y, al poco tiempo, Edith está la deriva.

Le toca al espectador descubrir el destino final de esta mujer trabajadora que de manera obstinada busca tener una ocupación.

En términos generales, Parte del aire es un trabajo limpio que tanto el realizador Morel como su cinefotógrafo David Chambille realizan sin tropiezos y sin grandes tomas que les complique la narración. En todo momento la cámara está al servicio de la actuación de Sandrine Bonnaire, que es la que lleva el peso de la historia.

Es una película convencional donde se podría decir que el drama laboral queda desdibujado por la apatía y la falta de conciencia social de la protagonista, lejos de ser una cinta combativa, se convierte en una historia anecdótica sobre la soledad.

Parte del aire se estrenó en el 42º Festival Internacional de Cine de Toronto de 2017. Es un film ligero sobre las diferencias culturales y humanas.

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