por Miguel Mora Vargas

La casa junto al mar (La villa, Francia, 2017) es una película dirigida por Robert Guédiguian, escrita en colaboración con Serge Valletti, que habla de cómo el capitalismo y el individualismo predominan en la sociedad actual y le ganan la batalla a los ideales de fraternidad y solidaridad del pasado.

La historia sucede en Calanque de Méjean, un lugar situado dentro de la bahía de Marsella que tiene un gran atractivo visual. Todo comienza con una escena donde Maurice (Fred Ulysse), hombre de edad avanzada, sufre un infarto. Este incidente hará que su hija Angéle (Ariane Ascaride), una actriz de teatro exitosa que lleva 20 años sin visitar la localidad,  se reúna con sus otros dos hermanos: Joseph (Jean-Pierre Darroussin) y Armand (Gérard Meylan).

En un principio, todos tratan de resolver qué va a pasar con la herencia y el futuro de su padre, pero pronto los recuerdos y la nostalgia se apodera de los tres. El invierno y la ciudad casi desierta hacen mella en sus sentimientos y comienzan las reflexiones que los llevarán a descubrir la diferencia entre lo que fueron y en lo que se han convertido.

En el repaso de sus vidas, descubrimos que Angéle es una mujer atormentada por su pasado y que tiene recuerdos traumáticos que la llevaron a alejarse del lugar. Por su parte, Joseph es un maestro retirado que la está pasando mal ante el estado de salud de su padre y su falta de ocupación; sostiene una relación con Bérangére (Anaïs Demoustier), una exalumna varios años más joven que él que trata de animar a la familia ante la difícil situación.  Y el tercer hermano, Armand, es tal vez el más noble. Se ha hecho cargo del padre y del negocio familiar, un restaurante que tiene como principio mantener los precios bajos para que todo tipo de público tenga acceso a él.

La narración es lineal con algunos flashbacks de corta duración que están bien colocados para dar a conocer algún asunto del pasado que pudiera quedar en el aire para el espectador. En paralelo a lo que les ocurre a los personajes centrales, vemos la vida de Yvan (Yann Trégouët), un vecino que sostiene una relación difícil con sus padres (Jacques Boudet y Geneviève Mnich), quienes se encuentran en el ocaso de sus vidas.

Dentro del drama familiar todo sigue su ritmo normal: los hermanos razonan sobre el legado comunista de su padre, basado en los principios de igualdad que lo llevaron a poner un restaurante para la clase proletaria, y, en general, los tres hijos reconocen que ellos mismos no se han podido mantener fieles a esos ideales.

Pero todo cambia en el último tercio del film cuando el director Guédiguian introduce una historia nueva dentro de la trama principal, circunstancia que sirve para empujar La casa junto al mar hacia un notable desenlace.

En general, el trabajo de dirección está bien cuidado e incluso nos llega a sorprender con un flashback en el que aparecen los hermanos 32 años antes en el mismo lugar. Este momento está tomado de la película Ki lo sa? (Francia, 1985), que es parte de la filmografía de el propio Robert Guédiguian y encaja a la perfección con el conjunto de la historia.

La casa junto al mar participó en el Festival de Venecia 2017 en la sección de largometrajes y Anaïs Demoustier fue nominada a los premios César como Mejor actriz secundaria.

 

 

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