por Fausto Ponce

Aprincipios del 2018, la escritora Claire Dererer se preguntaba qué hacer con el arte de los hombres monstruosos. Y enunció varios nombres como Roman Polanski, Woody Allen, Bill Cosby, William Burroughs, Richard Wagner, Sid Vicious, V. S. Naipaul, John Galliano, Norman Mailer, Ezra Pound, Caravaggio, Floyd Mayweather, Pablo Picasso, Max Ernst, Lead Belly, Miles Davis, y Phil Spector, entre otros.

Lo anterior fue para un artículo escrito para el The Paris Review Daily, mismo que fue traducido por El País el 9 de enero del 2018. Todo esto en el contexto del movimiento Me Too que emergía en Estados Unidos.

Dererer se cuestionaba lo siguiente:

Da la impresión de que algunas obras de arte son ya imposibles de disfrutar por las transgresiones de su creador: ¿Cómo podemos ver The Cosby Show después de las acusaciones de violación contra Bill Cosby? Por supuesto, se puede hacer, pero ¿estaremos viendo verdaderamente la serie? ¿O más bien el espectáculo de nuestra inocencia perdida?

¿Y es solo una cuestión pragmática? ¿Retiramos nuestro apoyo a esa persona si está viva para que no obtenga beneficios económicos de nuestro consumo de su obra? ¿Votamos con la cartera? En ese caso, ¿está bien bajarse gratis de Internet una película de Roman Polanski, por ejemplo? ¿Podemos verla en casa de un amigo?

El pasado 16 de marzo hubo que agregar un nuevo nombre a estas preguntas: Michael Jackson, cuya supuesta culpabilidad de abuso sexual de menores volvió a salir a la luz a raíz del estreno del documental Leaving Neverland que dio voz a dos supuestas víctimas: Wade Robson y James Safechuck, quienes revelaron que habían mentido en sus declaraciones durante los juicios que se celebraron contra el cantante en los años 90. En aquella ocasión, los susodichos habían negado cualquier tipo de abuso del Rey Pop hacia su persona.

La redes se dividieron entre aquellos que lo defendían, entre los que lo atacaban, entre los que querían borrar su música del mapa, y entre aquellos que, si bien pensaban que podía ser culpable, no estaban dispuestos a dejar de escucharlo.

En este contexto la pregunta persiste ¿Qué hacemos con el arte de esos artistas monstruosos? ¿Seguimos consumiendo su obra o la mandamos al olvido?

Para la psicoterapeuta Vale Villa es un tema complicado y “se vale decir no sé”, sin embargo, está convencida de que el boicot a la obra del artista proviene de la venganza o de un deseo de reparación: “Las víctimas podrían pensar que boicotear la obra repara el daño”.

El escritor y periodista Martín Caparrós se pregunta ¿quién es capaz de “mandar” una obra al olvido?: “La idea de que pudiera haber un poder capaz de hacerlo sí que me parece ‘criminal o moralmente censurable’…”.

— ¿Se puede separar al artista de su obra?
— No es que se pueda; es que el artista es una cosa y su obra otra. A lo sumo te da un poco de perplejidad u odio: ¿cómo puede ser que Céline, digamos, tan necio, tan racista, haya podido escribir esas maravillas? Y entonces vuelves a pensar que, si el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, el del paraíso puede estarlo de malas. O que no hay un camino.

La escritora Liliana V. Blum también cree que se puede separar al artista de su obra: “Si la obra es de calidad y ha de prevalecer a través del tiempo, me parece que la vida personal del creador debe quedar aparte. Es decir, puede ser material de interesantes y morbosas biografías, o un juicio que se puede seguir en las noticias para aliviar el tedio cotidiano”.

Blum cree que los sentimientos que nos provoca el artista es algo que no viene al caso cuando se trata de apreciar estéticamente la obra y los sentimientos que ésta nos genera: “De hecho esta idea viene de principios del siglo XX: se trataba de una de las herramientas más importantes de la escuela de la Nueva Crítica (New Criticism). De ella viene la idea de que una obra de arte debe sostenerse por sí misma. T.S. Eliot dijo en 1923 que la creación, una obra de arte, es autónoma. Deberíamos tratar cualquier obra como un trabajo trascendental que se sostiene en sí mismo fuera de la historia, y que puede hablarle a cualquiera desde cualquier tiempo y lugar”.

— Si algún artista cometió un acto criminal o moralmente reprochable, ¿se debe censurar o mandar su obra al olvido?
— Creo que no hay una respuesta definitiva y fácil a esta pregunta. Podría decir que en la mayoría de los casos no debería censurarse su obra, justamente por las razones de las que hablé antes sobre cómo acercarse al arte. Sin embargo, creo que hay excepciones, como cuando el artista sigue haciendo daño o podría hacer daño a seres indefensos.

Blum cita una situación particular relacionada con un pintor que se menciona en su novela El monstruo pentápodo: “el pedófilo en la novela tiene dos reproducciones suyas en su oficina: Graham Ovenden, que en 2009 fue investigado en Estados Unidos y en Inglaterra por pornografía infantil. En 2013 fue encontrado culpable de indecencia en seis casos y uno de acoso sexual a un menor, y fue encarcelando por dos años y tres meses.

“Varias galerías retiraron su trabajo de los muros, pero en 2015 un juez ordenó que la colección personal de pinturas y fotografías de Oveden fuera destruida, pues mostraba niñas semidesnudas. Varias de las niñas que fueron modelos para Ovenden le dijeron a sus padres que él intentó abusar de ellas.

“Creo que en un caso así, cuando el artista representa una clara amenaza constante para las niñas, por ejemplo, sí debe separarse el artista de su obra y al artista de la sociedad, tanto como la ley lo provea. En los demás casos, creo que la vía legal es la solución para lidiar con el artista criminal o moralmente reprochable, y tomar a la obra por sí misma es la forma de acercarse a ésta”, comentó para Alta Fidelidad.

Para el periodista, actor y director teatral Sergio Zurita, la idea de separar al artista de su obra es practicamente imposible si se toma en cuenta que recientemente el arte es cada vez más autobiográfico: “… de pronto hay preguntas como ¿yo tengo que conocer de la vida de tal artista para saber qué está haciendo en esta película? Y se supone que la obra se tendria que sostenerse sola. No necesariamente. La cinta I’m Not There que trata sobre Bob Dylan… si no conoces a Dylan no vas a entender nada y eso no quiere decir que la película no valga la pena”.

Zurita continúa: “Creo que cada caso debe ser tratado por separado. Creo que una cosa es lo legal y otra cosa es cómo te juzga la sociedad. Al final, cada quien tomará su decisión, lo que es aterrador es la caceria de brujas, el conservadurísmo que vivimos. A mí Michael Jackson me da igual, pero a Bill Cosby no lo puede ver, no lo soporto, no lo tolero creo y creo que es monumental como estandopero. Por ejemplo, el otro día estaba leyendo sobre Lou Reed… una de sus mujeres dice que era golpeador. Y lo puedo creer. Lou Reed era una bestia cuando era joven. No voy a dejar de oir a Lou Reed”.

— ¿Por qué no dejarías de oir a Lou Reed pero a Cosby sí?
— Lou Reed atravesó por una transformación fuertísima: practicaba Taichí, se volvio un hombre pacífico. Aprendió a soltar eso. Buscó la paz, dejó las drogas… Pero de todas formas es difícil ser objetivo y para eso existe la Justicia.

— ¿No abogarías porque se censurara la obra de un artista que fuera moralmente reprochable?
— No, no abogaría por eso. Que la sociedad decida dejarlo de ver es una cosa, pero… los nazis queman libros y pinturas del arte que consideraban degenerado, si haces eso, te conviertes en los nazis. El nazi eres tú.

“Cosby está en la carcel. A lo mejor la tienda Amoeba Music o Amazon se meten en un problema si siguen vendiento lo DVDs de Cosby, y no quieres que pase eso y lo retiras por una conveniencia de mercado, pero eso no es prenderles fuego. La sociead se autorregula, a veces de manera justa y a veces injusta. La vida es así”.

Por último, Zurita comentó que “Big Brother se fue a dormir porque ya nos enseñó a ser Big Brother a todos”.

1 reply
  1. Antonio Rosas
    Antonio Rosas says:

    Bueno, en estos tiempos tan moralistas de la sociedad.
    Es verdad que hay artistas, que no eran o son el mejor ejemplo para la vida. Es verdad qué se puede separar su arte, de su vida personal.

    Hay un par que no merecen sean linchados, refiriendome a Woody Allen y Michael Jackson. Pues en ambos casos, las supuestas víctimas no presentan pruebas reales. Se contradicen varias veces en sus declaraciones, acciones y es más que claro que siempre buscaron o quieren el dinero. Porque sus falsos testimonios no se sostienen por sí mismos.

    En fin, yo creo que Allen y Jackson son inocentes.

    Una de las mayores pruebas de la inocencia de Michael está en la
    página del FBI (a la que cualquiera puede acceder).
    https://vault.fbi.gov/Michael%20Jackson

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