por Miguel Mora Vargas

Félicité  (Senegal, Francia, Bélgica, Alemania, y Líbano, 2017) es un drama actual escrito por Olivier Loustau, Delphine Zingg, Alain Gomis y dirigido por este último, que nos muestra una visión cruda del África descolonizada donde se expone la degradación social.

Con una historia marcada por la insensibilidad de las personas que habitan en un mundo de miseria absoluta, la cinta se ubica en Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo, en donde la protagonista Félicité (Vero Tshanda Beya Mputu) canta en un club nocturno.

Desde el principio, vemos su rutina y descubrimos que es una mujer valiente tratando de superar las carencias del sistema socioeconómico. Félicité no es sumisa y se sostiene por sí misma ya que abandonó al padre de su hijo para tener una vida mejor.

Todas las noches, la cantante esquiva acosadores, entre los que está Tabu (Papi Mpaka), un borracho imprudente que diario asiste al lugar para escuchar a Félicité y llevarse a alguna mujer a la cama.

La trama parece tener un ritmo normal dentro de lo cotidiano, hasta que Samo (Gaetan  Claudia), el hijo de Félicité, sufre un fatal accidente de motocicleta. De pronto, el mundo de la cantante se desmorona y comienza una búsqueda incansable a través de las calles de la capital Congoleña recaudando dinero para poder pagar una operación que salve la pierna de su hijo.

En medio de su angustia, aparece Tabu. Aunque ambos personajes se repelen en el bar, fuera de ahí entablan una relación. Tabu conoce las circunstancias en que se encuentran Félicité y su hijo y accede a ayudarla, mitigando los momentos de inmenso dolor causados por un desamparo producto de la incompetencia de las instituciones que son incapaces de hacerse cargo y permiten que el equipo médico le pida una cifra desorbitada para realizar la intervención quirúrgica que podría salvarle la pierna al joven de 14 años.

En el transcurso de la historia, el realizador Alain Gomis aprovecha el estado de desesperación de Félicité para hacer un doble juego en el que, al tiempo que nos muestra el estado angustia de la madre, exhibe la situación deplorable de la ciudad de Kinshasa como un elemento más dentro del drama humano.

Félicité es una película diseñada para sostener siempre un primer plano de la protagonista, sin embargo, el cinefotógrafo Céline Bozon se las ingenia para maniobrar y mostrarnos el caos de la ciudad.

La música es un elemento importante dentro del film, por un lado está en escena la banda Kasai Allstars y, por otro, la Orquesta Sinfónica de Kinshasa nos traslada a escenas oníricas que generan un gran contrapeso a la realidad agobiante en la que viven los personajes.

Félicité es, sin dudas, un producto sólido que presenta un drama social en donde se denuncia la indiferencia y la corrupción de un sistema social incapaz de ayudar a la población de un país hundido en la miseria.

La película obtuvo Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín 2017 y el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Chicago 2017.

 

 

 

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