por Fernanda Ferrer

El ganador del Oscar como mejor documental, Free Solo (Jimmy Chin y Elizabeth Chai, EUA, 2018), es un ejemplo de que las emociones nacidas de hazañas casi imposibles no son exclusivas de cintas protagonizadas por Tom Cruise al estilo de James Bond.

Alex Honnold es, probablemente, uno de los mejores escaladores de estilo libre en el mundo. Y esto también se debe a que no muchos intentan este estilo de escalada porque los pocos que lo hacen han muerto en la práctica.

El 3 de junio del 2017, Honnold se convirtió en la primera persona en escalar El Capitán un imponente muro de más de 900 metros de altura ubicado en Yosemite que había sido el sueño de su vida. La proeza la realizó sin cuerdas de seguridad o arneses que lo sostuvieran: sólo él, sus manos, sus zapatos de escalar y la confianza en su capacidad. Una proeza que requirió de absoluta perfección pues la alternativa era caer hacia su muerte.

La pareja de realizadores Jimmy Chin, cineasta y diestro escalador, y Elizabeth Chai, una experimentada directora documentalista, asumieron el gran reto de retratar una de las hazañas más riesgosas que se han realizado, dejando perplejos tanto al espectador como los colegas de Alex. En palabras del amigo e ídolo personal de Honnold, Tommy Caldwell: es equivalente a que un competidor olímpico muriera al no obtener la medalla de oro, “¿Quién intentaría algo así?”

Después de seguir durante años los intensos y metódicos preparativos de Honnold para escalar El Capitán, los directores logran exponer la complejidad de este temerario atleta, desde su personalidad tímida e introvertida en la niñez; su estilo de vida casi nómada en pos de buscar nuevas escaladas y su emergente relación con Sanni McCandless, la cual agrega un nivel extra de incertidumbre y empatía al proceso. Tal pareciera que la suma de todos los factores crean la fórmula perfecta para colocar a Alex Honnold en esa montaña.

Algunos aspectos íntimos de Alex son tocados de forma un tanto reservada, como su relación con su madre, a quien, a los ojos de Alex, nunca nada le parece suficientemente bueno. O la lucha de su padre  con la enfermedad de Asperger.  Aunque, teniendo en cuenta la filosofía de Alex de priorizar su desempeño en la montaña por encima de cuestiones personales, parece apropiado que se dé este tratamiento a sus relaciones.

La producción del documental también significó un reto personal para Honnold, quien siempre ha preferido el aislamiento.

Para agregar intensidad a la ya de por sí angustiante cinta, se añade un factor que muchas veces pasa desapercibido dentro de la narrativa de un documental: los personajes detrás de la lente. El equipo de filmación debía estar compuesto por escaladores altamente experimentados que además fueran excelentes cinefotógrafos y pudieran trabajar bajo estrés extremo.

Al ser un perfil bastante reducido, el grupo quedó conformado por amigos de Jimmy Chin y Alex Honnold. Ese ambiente de genuina camaradería convierte la cinta en una experiencia personal que sirve de espejo para la audiencia, quien sufre al mismo tiempo que alienta el ascenso de Alex.

Gracias a la perspectiva de los camarógrafos y miembros del equipo, vemos cómo para lograr lo imposible se requiere de una extenuante práctica y una meticulosa planeación tanto para Alex en la memorización de sus movimientos y los camarógrafos que lo van siguiendo, creando una coreografía donde cada movimiento debe ir en perfecta sincronía con los demás, sin perder un segundo del ascenso ni entorpecer su camino.

En un trabajo de no ficción no hay guiones específicos a seguir, lo cual conlleva un riesgo en sí. Sin embargo, en Free Solo la barra sube un peldaño al conocer de antemano que pese a la ardua preparación, existe una latente posibilidad de un desenlace trágico. Y no sólo eso, también resalta la constante pregunta ética de cualquier documentalista sobre cómo puede llegar a afectar la presencia de las cámaras al desempeño del protagonista.

Free Solo es un documental con imágenes deslumbrantes que profundiza en aspectos íntimos y humanos,  un retrato de la construcción de un personaje casi heroico que existe en la constante superación de sus propios obstáculos no sólo físicos, sino mentales.

Un trabajo que aún conociendo el final, hace sudar al espectador en un ascenso a través de la conquista del miedo y trasciende en una sonriente victoria para Alex Honnold, los realizadores y el espectador.

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