por Roberto Fco. Ponce

El pasado 18 de enero se estrenó en Netflix la segunda temporada de The Punisher, donde el antihéroe Frank Castle (John Bernthal) que nos emocionó con su personalidad y carisma en la primera entrega de la serie, parece estar cansado de tanta violencia.

Después de perder a su familia y a su mejor amigo Billy Russo (Ben Barnes), el traidor más grande de su vida, Frank Castle ahora es un solitario ciudadano protegido que evita los problemas para vivir en paz.

Vagando de pueblo en pueblo se “enamora” en Michigan de Beth (Alexa Davalos), una atractiva mujer que atiende un bar local, a la que le confiesa su doble identidad para enseñarnos que este personajes de los cómics de Marvel muy en lo profundo tiene buenos sentimientos.

Todo hasta aquí va de maravilla, pues se presenta al personaje en una etapa más reflexiva y bohemia, alejado de su comportamiento natural y violento; sin embargo, una joven de nombre Amy Bendix (Giorgia Whigham) aparece en escena para complicarlo todo.

Frank Castle cae en la tentación de los problemas que arrastra Amy, que parece estar desorientada y pidiendo a gritos ayuda. La tensión sube de tono y nuestro antihéroe termina rescatando a Amy de un grupo de criminales, lastimando a su reciente amor Beth y con las manos llenas de sangre.

Los primeros capítulos son bastante buenos para atraparnos en la historia pero poco a poco empezamos a decepcionarnos. Los personajes de la primera temporada en vez de aportar nuevos elementos a la trama arrastran sus debilidades y se convierten en caricaturas de sus propios errores.

Billy Ruso, por ejemplo, después de quedar sin memoria por la golpiza que le propinó The Punisher en la primera entrega, se escapa del hospital con la ayuda de la psicóloga Krista Dumont (Floriana Lima) pero ya convertido en un triste loco que se la pasa deambulando de aquí para allá y que solamente estorba.

Otro caso que quita puntos a la narrativa es el de la agente Dinah Madani (Amber Rose), ex pareja sentimental de Russo, quien obliga a Frank Castle a regresar a Nueva York simplemente porque tiene miedo de este psicópata y para que de una vez por todas acabe con él porque ella no sabe cómo manejar la situación. ¿Es en serio Madani? Esto por momentos desespera y estropea el desarrollo de la mancuerna estrella de la serie entre Frank Castle y la joven Amy.

La introducción del personaje John Pilgrim (Josh Stewart), un justiciero que está buscando capturar a Amy a como de lugar, promete demasiado en sus primeras apariciones pero después también nos da la espalda para regalarnos minutos inverosímiles de sexo, drogas y rock and roll.

The Punisher 2 tiene grandes escenas de acción y violencia que rescatan estos vacíos en la historia pero que no alcanzan a salvar el barco de esta segunda temporada que se va quedando sin combustible conforme avanzan los episodios.

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