por Miguel Mora Vargas

Una franquicia recorre el mundo del cine, se trata de  Perfectos desconocidos (México, 2018), una adaptación de la película del director italiano Paolo Genovese que se ha vuelto un fenómeno internacional hasta alcanzar el récord de ocho versiones sobre el mismo tema, además de varias puestas en escena en  diversos teatros del mundo.

La versión mexicana del director Manolo Caro de la cinta Perfetti sconosciuti (Italia, 2016) es  una transcripción adaptada y dirigida por él mismo, con anotaciones particulares, que le permiten recrear algunos aspectos de las clases pudientes mexicanas.

En un ambiente de clase media alta mexicana, el realizador Manolo Caro, aborda a sus personajes con escenas cotidianas, en donde vemos a tres parejas preparándose para asistir a una cena planeada entre amigos. Este preámbulo nos permite dilucidar rasgos de la personalidad de cada uno de los intérpretes antes de llegar al planteamiento de la trama.

Una vez establecidas las identidades, los personajes van llegando paulatinamente a la reunión, juntos especulan sobre uno de los invitados que está próximo a llegar. En realidad se trata de un grupo de amigos que se conocen a la perfección, solo falta Pepe (Franky Martin) para dar comienzo al curso de la historia. Mientras tanto todos hacen suposiciones  sobre la vida del ausente.

Al poco rato, Pepe se incorpora,  pero para desilusión de todos, no trajo a su nueva pareja a la reunión.

Una vez sentados a la mesa, Eva (Cecilia Suárez),  la anfitriona, propone un juego para darle un tono divertido a la cena. Secundada por Alonso (Bruno Bichir), su marido, los demás integrantes: la pareja compuesta por Ernesto (Miguel Rodarte) y Flora (Mariana Treviño), así como los recién casados, Mario (Manuel García-Rulfo)  y su esposa, Ana (Ana Claudia Talancón), aceptan la propuesta.

El juego consiste en poner al centro de la mesa los celulares para leer los mensajes y contestar todas las llamadas delante del grupo de amigos. Aparentemente se trata un entretenimiento pasajero, pero poco a poco los mensajes y las conversaciones se vuelven reveladoras, abren un mundo críptico que cada uno de los personajes trae cargando en su vida íntima.

Mezclado con esto hay un esbozo de un momento “mágico”, se trata de un eclipse lunar, un instante específico en el cual se aprecia una textura enrojecida del satélite de la Tierra.  El tiempo pasa y los mensajes y llamadas suben de tono. Aunque en un principio las parejas libran la confrontación con los mensajes, llega un momento en que la situación se vuelve incontrolable.

Este ejercicio lleva a los personajes a una zona de peligro, en donde las explicaciones no son suficientes para solventar el contraste entre lo que  viven en su intimidad y la verdad.

Llega el momento en el que ya nada será igual, sus vidas han pasado por un eclipse en donde han quedado al descubierto sus verdaderos rostros y difícilmente podrán enfrentar el día siguiente.

Independientemente de que es una película hecha bajo fórmula probada, el fenómeno de la franquicia cinematográfica funciona porque la labor del director y, sobre todo del elenco, llevan a buen puerto la historia. Son destacables las actuaciones de Cecilia Suárez y Miguel  Rodarte, así como las interpretaciones de Bruno Bichir, Mariana Treviño y Ana Claudia Talancón. Ellos son los encargados de darle verosimilitud a sus papeles en este melodrama aparentemente inequívoco, en donde la sustancia humana tiene mucho que decir.

La película es un producto del marketing actual, en donde todos tenemos algo en común, de ahí su posible éxito mundial: estamos asistiendo a la globalización de una historia que al parecer se acopla a cualquier latitud del planeta.

Existen por lo menos ocho versiones de la cinta, de las cuales sólo tres se realizaron en años anteriores al 2018, por orden de producción está la primera cinta del italiano Paolo Genovese (Perfetti sconosciuti, 2016),  seguida por el remake del griego Thodoris Atheridis (Teleioi Xenoi, 2016), y continúa con la española realizada por Álex de la Iglesia (Perfectos desconocidos, 2017). Después vienen las versiones francesa (Le jeu, 2018), húngara (Búek, 2018), turca (Cebimdeki Yabanci, 2018), coreana (Wanbyeokhan tain, 2018), y mexicana (2018), además de la versión china.

En definitiva, asistimos a un fenómeno del cual no podemos ser ajenos, algo tiene esta historia que puede ser adaptada a muchos continentes. En el caso de México, cabe mencionar que la puesta en escena de esta obra con corte teatral no desmerita y que la labor del cinefotógrafo Pedro Gómez Millán es buena, cumple con su cometido sin alterar el ritmo de la trama.

 

 

 

 

 

 

 

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