por J.A Zandi

La última película del provocador danés Lars Von Trier, La casa de Jack, es una perturbadora obra maestra que mezcla los elementos del thriller, la comedia y el cine experimental.

La producción europea cuenta las confesiones y reflexiones de Jack —maravillosamente interpretado por Matt Dillon cuyo regreso al reflector es apabullante—, un asesino serial en una parte rural de Los Estados Unidos que comete asesinatos brutales a lo largo de las décadas de los setenta y los ochenta.

La pieza inicia con una pantalla en negro y voice over de dos personajes: Jack y Vergel. El primero le dice al segundo que le desea contar acerca de los “incidentes de su vida” y el otro no ve razón para negarle eso. Vergel, permanece como una voz principalmente pero es interpretada por el legendario actor suizo Bruno Ganz conocido por su paticipación en Las alas del deseo (1988) y Der Untergang (2004).

La imagen inicia con Jack conduciendo una van setentera por una carretera invernal en medio de un bosque cuando se topa a Dama 1 (Uma Thurman) quien pide ayuda porque se ponchó la llanta de su coche. En contra de su voluntad pero gracias a su débil personalidad, Jack la lleva al herrero más cercano para que la asista en la reparación de su gato para que la mujer pueda arreglar su problema.

Dama 1 resulta ser pedante como usuario de Twitter y abruma a Jack, quien, como esperarse de una película de asesino serial, pierde la paciencia y el resultado es sangriento.

A lo largo de la película se narran varios “incidentes” (así los define el protagonista). Al principio es torpe, tosco y casi estúpido pero va puliendo su “arte” conforme progresa la historia. La crueldad de sus crímenes también va en crescendo. Dos de ellos son posiblemente la razón por la cual la proyección de la pieza en Cannes perdió a muchos de sus espectadores. Visualmente no es suave y la crueldad carece de amortiguadores.

Von Trier no vanagloria la violencia como una producción estadunidense tipo Marvel, donde los héroes matan a cientos o miles pero no sangran, no nos ocasiona alejar la mirada de la pantalla, en cambio, las escapadas de Jack nos causan pánico y rechazo.

El asesinato es cruel, desalmado, pero los humanos podemos justificarlo cuando se lleva a cabo en nombre de la justicia, la revolución, la venganza o por el “bien”. Pero cuando ocurre por razones que no comparten dicho romanticismo, la cosa cambia y de esto va la película. La tesis señala que la humanidad es cruel y que nacemos con ella, cosa que se demuestra con la obsesión de Jack por los negativos de las fotos, esa luz negra a la cual se siente atraído no y puede evitar seguirla.

Jack es un entusiasta del arte, y tiene numerosos discursos a lo largo de la pieza: desde los secretos en el interior de las catedrales góticas, vino blanco alemán y diseño aeronáutico para generar terror. De hecho señala la similitud de su trabajo con la de un artista, un amo creador. Von Trier aquí juega con ironía y sátira, el protagonista es completamente serio con sus convicciones pero para la mente sensata queda claro que es un juego con el espectador. De hecho uno de los aspectos experimentales de la película radica en que hay cortes constantes al pianista Glenn Gould tocando en pijama o a las bellas ilustraciones de William Blake.

El asesino serial se cree un creador, un artista y se compara con ellos y hasta se autodenomina como “El señor sofisticado”. El asesinato es estético en otras palabras. Y al principio nos deja claro que es ingeniero por título pero se considera un arquitecto, y la casa que está tratando de construir es un leitmotiv de su frustración y falta de talento que debe superar para ser ese gran artista.

Evidencia que se trata de un ensayo reflexivo y satírico son los momentos de humor negro debido a lo absurdo de la situación que nos otorga el realizador danés. Lluvias divinas que borran la evidencia, burocracia que aniquila investigaciones por cuestiones de fronteras entre estados y jurisdicción, corte a una patrulla con sirena encendida mientras Jack trata de ejecutar su más bella “obra” .

Te puede agradar Von Trier o no, pero sin duda es un veterano del arte que domina las herramientas y no es nada conformista. Cosa que se agradece en una era donde los servicios de streaming y cadenas de cine prefieren narrativas masticadas tipo Marvel. La casa de Jack (The House That Jack Built, Suecia, Alemania, Francia y Dinamarca. 2018) no es una película fácil ni para todos pero vale la pena.

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