por Paty Rodríguez

El día de ayer se cumplieron 38 años de la trágica muerte de John Lennon, y tanto quienes ya eran admiradores del artista en 1980, como los que nos enamoramos de su música décadas después, suspiramos de melancolía al imaginarnos las joyas que podrían haber nacido de la genialidad del ex-Beatle.

Double Fantasy fue lanzado tres semanas antes del asesinato de Lennon. Es el álbum donde el odiado Mark David Chapman obtuvo el último autógrafo del artista.

Double Fantasy  fue recibido con bastante interés cuando fue publicado el 17 de noviembre de 1980, pues se trataba del primer álbum que John lanzaba después de cinco años de ausencia, tras retirarse de los escenarios para dedicarse a sus hijos y a su vida personal. Sin embargo, las ventas no fueron realmente altas: en el Reino Unido su posición más alta en las listas de éxitos sería el número 14, mientras en Estados Unidos alcanzaría el número 11. Fue sólo después de la muerte de John cuando las ventas se dispararon, llegando el álbum al segundo lugar en las listas británicas y al primero en las estadounidenses.

Lo cierto es que Double Fantasy es un álbum que podría resultar un tanto difícil de entender en un primer momento, sobre todo por la enorme intervención que tiene Yoko en él. Por supuesto que en el disco nos encontramos con canciones emblemáticas de John como la hermosa “Beautiful Boy” o la reconocida “Woman”, cuya calidad es incuestionable y que incluso ya podríamos sentir un poco gastada debido a la cantidad de veces que la hemos escuchado. Sin embargo, la cosa se complica cuando nos enteramos de que la mitad de las canciones en Double Fantasy son composición de Yoko Ono, quien también las interpreta.

Es razonable preguntarnos si el hecho de que Yoko juegue un papel tan importante en el álbum echa a perder de cierta manera la experiencia  del Double Fantasy. Es claro que los detractores de la japonesa se saltarán las canciones que ella canta cuando escuchen el álbum, lo cual es perfectamente comprensible. Sin embargo, hay que reconocer que la música de sus canciones es inesperadamente buena: “Kiss, Kiss, Kiss”, por ejemplo, es una muestra de un trabajo experimental decente. Incluso ese timbre usualmente agudo y desagradable de su voz llega a afinar bien en canciones como “Yes, I’m Your Angel”;  aún así, no podemos llegar a decir que cante realmente bien.

Las canciones  de John, por otra parte, son brillantes. El álbum abre con “(Just Like) Starting Over”, una pieza hermosa y sumamente romántica. A pesar de no ser tan conocida como “Woman”, no es exagerado afirmar que es tan buena como ésta o incluso más.

Las otras baladas del disco a cargo de John son “Beautiful Boy”, dedicada a su pequeño hijo Sean Lennon,  y “Watching The Wheels”. La primera es simplemente encantadora: su letra son las palabras de un padre reconfortando a su hijo y expresándole su amor. La segunda canción expresa cierta soledad y el sentirse incomprendido: “People say I’m crazy, doing what I’m doing”.

El resto de las canciones a cargo de John son piezas donde las guitarras eléctricas y distorsionadas juegan un papel central, tales como la genial  “I’m Losing You”,  donde John posiblemente esté expresando algunos de los conflictos que llegó a vivir con Yoko los años anteriores.

Quizá la canción más alegre, y que transmite un poco más de energía, es “Dear Yoko”, una sencilla canción de amor dirigida abiertamente a su pareja. “Cleanup Time” también expresa esta idea romántica: “You and me together, we are in our place”. Definitivamente la portada de Double Fantasy, con un beso entre John y Yoko, tiene una razón de ser.

Double Fantasy es un gran disco, y estos días son ideales para escucharlo, recordando y extrañando a John Lennon.

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