por Miguel Mora

Para los amantes de los Prostéticos, el maquillaje tétrico, los FX y los borbotones de sangre falsa, ya anda pululando la película que los hará revolcarse de gusto en sus butacas: Operación Overlord (Overlord, EU, 2018).

Escrita por Mark L. Smith y Billy Ray, Operación Overlord es una cinta dirigida por Julius Avery que agrupa  todos los ingredientes del cine bélico mezclados con el terror y el thriller de acción, pasando por la ciencia ficción, es decir: es un salpicón de temas recurrentes que forman una variedad extensa dentro del cine comercial.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, días antes del día “D” un grupo de paracaidistas estadounidenses es enviado a territorio enemigo para destruir una torre de transmisión alemana ubicada en una pequeña aldea cercana a Normandía, la misión es  crucial para llevar a cabo el desembarco de los ejércitos aliados.

Después de un  trayecto accidentado, su avión es derribado poco antes de que puedan alcanzar el objetivo, en medio de disparos de metralla y bombas, logran sobrevivir solo unos cuantos miembros de la brigada original.

Al poco tiempo de tocar tierra, los sobrevivientes logran juntarse y adentrarse en el poblado  ocupado por los nazis. El grupo busca refugio en la casa de Chole (Mathilde Ollivier), una joven aldeana atractiva, asediada por Wafner (Pilou Asbæk), un oficial alemán que le brinda protección a cambio de favores sexuales. Los sobrevivientes se juntan en el tapanco de la casa,  se concentran en planear la estrategia para destruir el transmisor ubicado en el interior de la iglesia del pueblo.

Los personajes son estereotipos sacados casi por catálogo de todas las películas de guerra: el primer protagonista es Boyce (Jovan Adepo), un soldado ingenuo y desinteresado que se presenta como un tipo miedoso,  también está Tibbet (John Magaro), un personaje rudo y hablador; Chase (Iain De Caestecker) es un fotógrafo desubicado que piensa en tomar fotos  sensacionalistas de la Guerra; Rosenfeld (Dominic Applewhite), un joven judío, amigo de Boyce; Dawson (Jacob Anderson), un aspirante a escritor, y Ford (Wyatt Russell), que se convierte en el líder de la misión, porque es el único con experiencia en la guerra.

La misión se complica más a partir del momento en que descubren  que los nazis están haciendo experimentos  con  los muertos y la gente del pueblo: se trata de inyectarles un suero desarrollado por una especie de doctor Mengele, de nombre Schmidt (Erich Redman) que revive a los muertos y transforma a los vivos con el propósito de crear un ejército invencible para que sirvan al Tercer Reich que se supone debe durar cientos de años.

A partir de este momento, la película cambia de género y se convierte en una historia de terror mezclada con ciencia ficción. El grupo de soldados no solo tiene que cumplir con las órdenes del alto mando aliado, sino que también tendrán que combatir a estos muertos vivientes o zombies nazis  para que no se extienda la plaga en el continente y las tropas listas a desembarcar en Europa lo hagan sin ningún tropiezo.

En términos generales, la película es bastante convencional, no logra arribar a otro mundo dentro del cine. El director Julius Avery cumple con el compromiso, dando paso a los efectos especiales como una muletilla necesaria en este tipo de historias.  Por su parte, la fotografía compartida por Laurie Rose y Fabian Wagner asume el reto de las pantallas verdes o azules, según sea el caso,  para incrustar efectos  repletos de imágenes con explosiones y sets construidos de manera digital.

Operación Overlord se exhibe en salas comerciales y, si eres amante de las películas de monstruos, zombies que reviven varias veces y los sonidos estridentes fabricados exclusivamente para asustarte en la sala de cine, no te la debes perder.

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