por Miguel Mora

Hannah (Italia, Francia, Bélgica, 2017) es una película inquietante en donde aparentemente no pasa nada. La cinta encierra un drama familiar de grandes proporciones que evidencia el espléndido trabajo del director Andrea Pallaoro y la actuación contenida de Charlotte Rampling.

Hannah es la  última cinta del director italiano Andrea Pallaoro, escrita en colaboración con Orlando Tirado.

Un film que se desarrolla con una parsimonia expectante, con un mismo rostro que nos guía a través de toda la película, que pasa por situaciones que se entienden escabrosas, embarazosas, incluso explosivas. Sin embargo, el tratamiento cinematográfico carece de sobresaltos, resultando un verdadero ejercicio de concentración en donde prácticamente no existen los diálogos.

Filmada en Bruselas, la historia comienza con unas clases de actuación, en donde Hannah (Charlotte Rampling) emite sonidos extraños como si fuera un animal herido, la escena es estridente, no se sabe si se trata de una terapia colectiva o simplemente ejercicios para aprender a expresar sentimientos y así relajarse.

Más  adelante, con escenas aisladas que van construyendo la cotidianidad de un matrimonio de veteranos, en la cual los vemos realizar su rutina habitual, la cinta nos plantea una relación ancestral acostumbrada a permanecer en silencio. Pronto todo cambia, al día siguiente la pareja se dirige a una prisión en donde el marido de Hannah (André  Wilms) es recluido sin ninguna explicación formal.

Aparentemente, el suceso es algo esperado por Hannah, quien continua su vida sin expresión alguna. Sin embargo, empiezan a brotar pistas sin que se conviertan en el eje de la trama. Queda expuesto que el marido cometió un delito de pedofilia por el cual Michael (Julien Vargas ), el hijo de ambos, se ha alejado de la familia.

El tiempo pasa, ella encuentra pruebas  incriminatorias del marido, además de escuchar los reclamos de una madre desesperada que golpea la puerta de su departamento, no obstante, Hannah continúa igual. Es evidente que desde hace tiempo decidió encubrir a su marido.

El ambiente se vuelve más denso, la trama avanza con escenas que aparentemente no tienen ninguna importancia con las calles de Bruselas como fondo y el sobrio departamento en donde ella habita.

En orden consecutivo, vemos cómo la vida de Hannah se desvanece: su  hijo Michel la rechaza cuando va a visitar a su nieto Charlie (Gaspard Savini) el día de su cumpleaños; su membresía en el club donde toma clases de natación es revocada; el perro que vive con ella le rehúye en busca de su dueño ausente, hasta que termina por regalarlo.

Lo único que parece mantenerla a flote es el trabajo de limpieza que realiza en la casa de una joven rica, con quien ha podido crear un pequeño vínculo de cariño con un niño autista. Su realidad la ubica en el vértice del precipicio emocional, en donde se encuentra copada. Renuncia a sus clases de actuación que le servían como terapia de catarsis porque la carga emocional que trae encima  le impide expresarse, y pronto hace lo mismo con su trabajo. Hannah termina como un barco a la deriva.

El trabajo de dirección de Andrea Pallaoro, junto con la actuación de Charlotte Rampling es excepcional; no le dan la menor oportunidad a la exaltación de los sentimientos a lo largo de la cinta y parecería que estamos viendo una película al revés, en donde el subsuelo que mueve a los personajes corre con una intensidad feroz, pero en la superficie no pasa nada. Es muy poca la información que deja pasar Pallaoro para entender el drama interno de la protagonista. Las razones del conflicto las dosifica a cuentagotas y el resultado es sorprendente: el espectador tiene que ir adivinando  de manera progresiva el calibre de la tragedia que está viviendo Hannah; la ignominia la rodea sin que ella se inmute, y el público quiere saber siempre más sobre su vida.

Por su parte, el trabajo del cinefotógrafo Chayse Irvin es minucioso, casi siempre encuadra el rostro de Rampling, mientras a su alrededor se ven escenas reflejadas de otros personajes. El tipo de historia permite que la fotografía sea estática y planeada como viñetas, en donde lo que importa es el drama contenido que lleva la historia en todo momento. Es una película muy recomendable para los apáticos que creen haber visto todo.

Hannah ganó el Premio Volpi a la Mejor Actriz en el Festival de  Venecia 2017. La puedes ver próximamente en la 65 Muestra Internacional de cine en la Cineteca Nacional y cines del circuito.

 

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