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Pie pequeño: una cinta intrascendente

por Jonathan Mata Richardson

Existen posters o avances cinematográficos que nos dicen de inmediato que un filme se volverá entrañable. Luego, al fondo del drenaje, está Pie pequeño.

La película narra la historia de una civilización de Pie grandes que viven a lo alto de las montañas nevadas, cuyo funcionamiento se basa en lo que dicen las rocas, un equivalente a las sagradas escrituras.

Migo, uno de los jóvenes miembros de dicha comunidad, se topa un día con un avión accidentado y se ve de frente con un Pie pequeño. En el mundo de los Yetis la existencia de los seres humanos es un mito, y cuando Migo le cuenta a todos que se halló con una persona es tildado de loco.

Algo similar le ocurre a Percy, el Pie pequeño en cuestión, quien pretende hacerse notar en su labor de reportero anunciándole al mundo que ha encontrado al eslabón perdido.

Un grupo de jóvenes de su especie, que cuestionan lo dicho por las rocas, creen en lo dicho por Migo y se embarcan en una aventura que consiste en bajar a tierra firme y demostrar que no son la única civilización que existe. Lamentablemente para el protagonista, su intento de probar su descubrimiento hará que su padre se vea comprometido en su función dentro de la aldea, por lo que se ve obligado a negar eso que tanto se esforzó en demostrar.

Para la mala fortuna de Migo y Percy la triste realidad los alcanzará: ambas especies no pueden coexistir en armonía.

Pie pequeño es una historia que en principio muestra rasgos interesantes, principalmente por la analogía creada alrededor de una doctrina. Migo es un personaje que inicialmente pide no cuestionar lo dicho por las famosas rocas, sin embargo, su encuentro con otro modo de vida lo obliga a poner en duda todo lo que creía saber. Una vez que el protagonista descubre que aquello que se le ofreció como una verdad absoluta es una falacia, éste intenta comunicarle a los otros la mentira, pero aquellos que se benefician de ello utilizan la extorsión con el fin de preservar lo que tanto tiempo les ha llevado construir. Vaya, como la vida misma.

Más allá de esa crítica a ciertos axiomas de índole —principalmente— religioso, el filme resulta ser otro pedazo de lo mismo: un mundo al revés parecido a cualquier composición Arjoniana que propone que el norte sea el sur y que las pestañas sean ajenas a los ojos.

Si se le quiere ver como un simple divertimento la verdad es que tampoco resulta un ejercicio tan atractivo. No hace falta ir tan lejos en el tiempo, aquel que haya visto Hotel Transylvania (2012), donde los monstruos se esconden de los temibles seres humanos, puede presumir de haber visto ya Pie Pequeño. Y en un mejor universo: en el que existe el monstruo de Frankenstein.

Podría parecer que a los filmes animados dirigidos a públicos infantiles no habría que exigírseles demasiado, pero no es así, al final del día las películas transcienden en forma de memorias cuando los niños se vuelven adultos.

Lamentablemente, Pie Pequeño es una cinta intrascendente que no será recordada siquiera por ultrajar de forma burda y obscena a una “Bohemian Rhapsody” que no se había metido con absolutamente nadie.

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