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Venom: un filme divertido sin más

por Jonathan Mata Richardson

Los reebots de Marvel ajenos a Disney tienen la “suerte” de no tener una vara muy alta con la cual compararse pero, para la mala fortuna de Venom y Sony, no hay un Hombre Araña que pueda venir a su rescate.

Venom (Ruben Fleischer, 2018) comienza cuando una nave espacial reingresa a la Tierra cargada de simbiontes. Estos seres alienígenas de forma viscosa son parte de un experimento de Life Foundation, empresa liderada por Carlton Drake (Riz Ahmed), una especie de Elon Musk interesado en mezclar seres humanos con estas criaturas extraterrestres para crear una forma superior de vida.

Eddie Brock (Tom Hardy) es un periodista interesado en las causas sociales que descubre una serie de anomalías por parte de la compañía, pero, lamentablemente para él, haberse cruzado en el camino de Drake terminará con sus aspiraciones profesionales y lo dejará al borde de la miseria personal.

Aún cuando los simbiontes pueden apoderarse de cualquier ser vivo, es necesario que exista la compatibilidad entre ambos, como si de un trasplante de órganos se tratase y, como si todo lo perdido por Eddie Brock fuera poco, éste descubre de mala forma que uno de los simbiontes ha encontrado un nuevo hogar en él.

Se especuló por todas partes en los últimos días que Venom era la nueva Fantastic Four; que se asimilaba más a Daredevil y a Catwoman que a cualquier otra cosa y, tratándose de una acusación tan grave, era necesario corroborarlo.

La verdad es que la película tiene problemas en el guion y la dirección; se columpia a través de distintos géneros y nomás no acabamos de saber qué estamos viendo. Por momentos intenta parecerse a Deadpool en términos de humor; a veces juguetea con el horror y la ciencia ficción, y a ratos se limita a ser una cinta genérica de acción: a todo le tira y a casi nada le da.

Dicho lo anterior, cabe recalcar que Venom no es una mala película, si logramos “perdonarle” a Tom Hardy que no sea el tipo duro y ultra solemne que va por las calles pateando traseros. En las redes aparecieron comentarios malintencionados que acusaban a Hardy de jugarle al Jim Carrey, y es casi normal que luzca por momentos exagerado al tratarse de un actor que nos ha acostumbrado a poseer un semblante imperturbable en casi todas sus apariciones, pero es más un asunto de percepción que de interpretación.

Por otra parte, si de algo adolece históricamente el cine Marvelita (aún sin pertenecer esta cinta al MCU), es de villanos endebles. Carlton Drake es un personaje que tampoco pareciera hallar su lugar: es el CEO de una empresa multimillonaria que se toma el tiempo de dar recorridos escolares en sus instalaciones, y que además parece ser el único que tiene poder sobre estos seres, que según la ¿lógica? del relato, tienen control indiscriminado sobre cualquier humano y se supone que solo los ven como un envase temporal.

Puede existir la preocupación de que este filme no esté a altura de las maravillas del cine de superhéroes, pero hay que ser objetivos: el 90% de las películas del género carecen de proteína. Cierta parte de la crítica y el público de este nicho se han encargado de hacerle creer al mundo que lo relatado por estas películas hay que tomárselo en serio y se le tiene que encumbrar al lado de los grandes del panteón fílmico, pero no tiene que ser así.

Venom es una película divertida y, aunque vale la pena pagar un boleto por verla un miércoles con amigos, no amerita gastar en una descarga digital o en una compra en formato físico. Un filme de usar y tirar, el resto es tiempo y dinero echado a la basura.

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