Alpha: Evolución con mensaje light

por Jonathan Richardson Mata

Alpha (EU, 2018) es una versión de El renacido para toda la familia. Quisiera mencionar más de un aspecto que resulte original en esta película, pero no existe ni uno sólo: absolutamente todo es idéntico a algo que ya hemos visto y que procede de una mejor hechura.

Cuando sé es niño y uno se entera de que los perros son descendientes de los lobos, se puede pensar en que un día una persona se encontró con uno de estos animales salvajes y ambos desarrollaron un lazo emocional instantáneo, como si el canino tuviera un lado que conecta automáticamente con el ser humano y es cuestión de que algo detone dicha suerte; bueno, parece ser que el guionista sigue pensando de un modo similar.

La película dirigida por Albert Hughes nos cuenta un aparente origen de la domesticación de los lobos, como si la evolución fuera un asunto de dos días y como si de enseñarle a tu mascota dónde hacer de vientre se tratase. El filme es simplista y simplón hasta donde se puede serlo, la aventura relatada pareciera salida de la mente de un fanático de los telefilmes de Hallmark, en los que el planteamiento, desarrollo y feliz desenlace son un dogma inalterable.

La historia es la siguiente: 20 mil años atrás, durante la última era de hielo, una pequeña tribu de cazadores emprende una expedición en búsqueda de los alimentos que les servirán durante el largo invierno. Tau (Jóhannes Haukur Jóhannesson), el jefe, entrena a su hijo Keda (Kodi Smit-McPhee) para ir con el grupo, en contra de la voluntad de su madre, quien dice que el joven no está preparado todavía para dicha actividad.

En medio de la misión Keda es embestido por un bisonte, que lo deja al borde de un risco hasta el que corre su padre con la fallida intensión de rescatarlo. El muchacho cae algunos metros ante la mirada atónita de Tau, cuyo instinto paternal lo empuja a bajar por el joven, sin embargo, el resto de los compañeros le detienen e intentan convencerlo de que poco puede hacerse por el pobre adolescente.

Pasado el tiempo resulta ser que Keda no ha muerto, sin embargo, su aventura por volver a casa no será sencilla, pues tendrá la difícil tarea de domar a un lobo que lo ayude a conseguir su objetivo.

Sorprendentemente, si repasamos la cinta de principio a fin —por cierto narrada por Morgan Freeman—, no encontraremos muchos elementos para reprobar, y es que dejando aparte lo soporífero de su ritmo, el filme avanza con el librito en la mano y nos exhibe su propuesta que será del agrado de las familias y de los amantes de las historias redondas de supervivencia. Si uno es capaz de aceptar que nuestro querido Keda sobrevivió a un par de caídas por un barranco, sanó de una aparente fractura de pierna en tiempo record y sin secuelas, y consiguió dar origen al perro moderno en cuestión de unos días, nada más importa.

Alpha es una película a la que duele darle tiempo y dinero, como cuando se compra un refresco de cola de marca genérica: no sólo no se está probando un sabor nuevo, sino que se está consumiendo lo mismo en una calidad paupérrima y por apenas un par de pesos menos.

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