por Miguel Ángel Aispuro Ramírez

Eventualmente, todos nos hemos encontrado con la fascinante mitología nórdica. Descubrimos al Thor de Marvel tanto en los cómics como en el cine; o fue a través de las series de Vikingos o American Gods; o bien en la reinvención de la saga de Asgard en los Caballeros del Zodiaco.

Lamentablemente, el siguiente paso para sumergirse en cualquier mitología suele ser de lo más frustrante: la revisión del mito en su formato original. Esto se debe a las fuentes disponibles, a saber, diccionarios mitológicos, artículos de internet y las fuentes directas.

Los diccionarios acaban por ser repetitivos y excesivamente sintéticos; los artículos de internet están llenos de contradicciones y errores que no animan a seguir investigando; los textos originales que conforman las mitologías, ya por su antigüedad y por ser productos que no tenían la finalidad de entretener, resultan inaccesibles las más de las veces, incluso disuasorios…

Así que es una suerte que exista un libro como Mitos Nórdicos, de Neil Gailman (Ediciones Destino, 2017).

La fuente más antigua de los mitos nórdicos son las Eddas: la Edda en prosa de Snorri Sturlurson, un texto del siglo XIII cuyo fin era servir de manual para que los poetas pudieran descifrar las metáforas relacionadas con la mitología nórdica; y la Edda poética, una recopilación de poemas mitológicos y heroicos cuyos autores son desconocidos.

Neil Gaiman articula su libro en el contendido de estos textos y reformula los mitos. Elimina detalles contradictorios, brinda información precisa para comprender la historia, aporta elementos de su propia cosecha (tales como divertidos diálogos o bienvenidas descripciones) consiguiendo así, en última instancia, convertir los datos míticos en un relato ameno y autoconclusivo.

También es preciso anotar que el libro no es una novelización de la mitología nórdica (aunque sea un logro que tenga ese sabor). Neil Gaiman es profundamente respetuoso con los mitos, con su amplitud y sentido de maravilla.

Así pues, las historias que narra poseen muchos niveles. Están los relatos que son cándidos cuentos de hadas; otros explican el origen de un elemento de la realidad (el color de una flor, el canto de un pájaro) o resultan ingeniosos, didácticos o morales; también están los relatos puros de valor, crueldad o tragedia. Pero alrededor de todos ellos, Gaiman logra conservar ese halo de cosmogonía y misterio que comparten todas las mitologías y religiones, ese eco que nos cimbra inevitablemente al contemplar imágenes como la de Odín colgando del fresno cósmico Yggdrasil (Odín sacrificado a Odín mismo) con su costado atravesado por una lanza o Hemrod cabalgando nueve noches hacia el reino de los muertos.

Neil Gaiman no hace una recopilación exhaustiva de todos los mitos nórdicos. Su selección revela inteligencia, un vasto conocimiento y comprensión. Narrador consumado, conoce el poder de las historias, el poder de una historia viva, contada y recontada alrededor del fuego.

Los mitos elegidos y reconstruidos a manera de relatos breves ofrecen lo siguiente: son en un primer nivel una cosmogonía, es decir, una explicación del origen del mundo y del hombre y su inevitable final. Y en otro nivel, sin traicionar la propia mitología, recrea a los personajes: esos dioses, gigantes, enanos y elfos de luz y oscuridad.  Pero no lo hace como banalidad o en función del entretenimiento. Utiliza este recurso para lograr retratar la complejidad y la riqueza del pensamiento mítico nórdico y sus valores. Así desarma a quien quiera encontrar en Odín a la Trinidad, en Loki al Señor de las Mentiras, el infierno en Muspellheim y un apocalipsis en el Ragnarok.

Los dioses de Neil Gaiman son falibles, crueles y orgullosos, gozan la vida con locura. Aman y odian. Temen a la muerte y al fin de todas las cosas. Brindan con hidromiel por la muerte de sus enemigos, son ciegos y cantan. Thor no es el más noble pero aún es digno de su martillo. Loki podrá desencadenar el Ragnarok, pero llora por sus hijos y salvó a los dioses (a los que nada debía) en más de una ocasión y siempre fue divertido. Odín es inescrutable, mezquino e indiferente, pero daría un ojo por saberlo todo. Son dioses de astucia, valor, traición, de destino, libertad y caos. Dioses íntimamente humanos.

Nueve son los mundos constelados en las ramas del poderoso Yggdrasil, surgidos del fuego y el hielo y al fuego condenados. Mitos Nórdicos de Neil Gaiman es un gran lugar para comenzar a visitarlos.

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