Tormentero: Un tributo a Tarkovsky

por Miguel Mora Vargas

En medio de alucinaciones y recuerdos, un hombre que cambiaría el destino de su comunidad y de México, subsiste en el último trayecto de su vida en pleno delirio alcohólico, batallando con sus fantasmas.

Tormentero (México 2017), dirigida por el cineasta Rubén Imaz y escrita en colaboración con Fernando del Razo, presenta la historia de Romero Kantún (José Carlos Ruiz), personaje que representa a quien fuera en la vida real Rudesindo Cantarell, el descubridor del yacimiento petrolífero más importante de México en la década de los 70.

Rudesindo, sin proponérselo, hizo inmensamente ricos a unos e inmensamente pobres a otros, porque cambió la economía de local al poner fin al sustento básico de los que se dedicaban a la captura de todo tipo de fauna marina. La transformación del lugar lo colocó en la disyuntiva de ser héroe, por un lado, y, por otro, el centro del  desprecio de su comunidad: una ironía del destino.

Este hombre, que aportó a la nación ganancias inimaginables, murió relegado, en el abandono, al borde de la demencia. Así es como construye la línea dramática de Tormentero el director Rubén Imaz. La película es el personaje y todo gira alrededor de sus últimos momentos en un pequeño pueblo de Campeche que vio la transformación del lugar en una zona industrial que se apoderó del ecosistema.

Don Romero Kantún (Rudesindo) se ha convertido en un ser abyecto, acompañado por los espectros de los personajes que lo abandonaron en la vida y, conforme avanza la historia, nos damos cuenta de que el alcoholismo lo ha vuelto esquizofrénico y vive enfrascado en sus alucinaciones: ve gente de su pasado siguiéndolo por las calles, sufre de delirios que lo llevan a lugares que no son en los que está; pierde la ubicación del tiempo y del espacio.

De alguna manera, la condición del personaje principal es convertida hábilmente en un estilo narrativo que viaja entre la frontera de lo real y lo onírico, abriendo la posibilidad para que el espectador interprete lo que está pasando desde su muy particular punto de vista.

Dentro de las escenas de ensueño que tiene Don Rome,  aparece conviviedo de una manera irreal con los que fueron su mujer y su hijo, sin explicar por qué lo abandonaron, pero dadas las circunstancias, eso es irrelevante, lo importante es que son espíritus que se materializan ante él para acompañarlo en su fantasía; estos personajes son parte de su universo que ya ha rebasado lo terrenal.

En general, la película goza de una buena óptica, con emplazamientos lentos que describen con claridad la inmensa belleza tropical de Campeche. La fotografía, a cargo de Gerardo Barroso, cumple con su cometido tanto en la ejecución de largos planos en los interiores como en los exteriores.

Es una obra que, en conjunto, muestra las inclinaciones de Imaz hacia la influencia que permanece sobre algunos cineastas del gran Andréi Tarkovsky, sin llegar a demeritar. En esencia, se puede decir que estamos ante un buen director que comienza a consolidarse.

Tormentero es una coproducción entre Colombia, República Dominicana y México. Fue presentada en los festivales FICUNAM,  Mar del Plata y SXSW.

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