por Jonathan Mata Richardson

En una sociedad en la que conviven los seres humanos y las marionetas (que son tratadas como ciudadanas de segunda clase) habita Phil Phillips, el primer títere que perteneció al cuerpo de policía hasta el día que accidentalmente mató a uno de los suyos y que ahora funge como detective privado.

Phillips sigue la pista de un misterioso asesino que acabó con la vida de su hermano, un actor del viejo programa infantil televisivo de marionetas The Happytime Gang, cuyos miembros originales han sido aniquilados uno por uno. Las circunstancias reúnen a Phil con la detective Connie Edwards (Melissa McCarthy), antigua compañera de trabajo, con la cual debe limar asperezas para dar con el homicida de su hermano.

Dirigida por Brian Henson (hijo del lengedario creador de Los Muppets, Jim Henson), esta película es un homenaje al intento de su padre por llevar a estos títeres a un público más allá del infantil. Con sus obras maestras El Cristal encantado (EUA, 1982) y Laberinto (EUA, 1986), Henson experimentó con una visión más oscura que lo acercó a una audiencia de mayor edad, sin embargo, no se alejan de la familia como su principal consumidor.

¿Quién mató a los puppets? (The Happytime Murders, EUA, 2018) es una comedia de humor negro que utiliza a las marionetas como medio para hablar de la división racial en Estados Unidos, en un intento sospechosamente similar al de Bright (EUA, 2017), la producción de Netflix en la que los seres humanos coexisten con orcos. Curiosamente también protagonizada por una pareja de policías.

La película hace un intento de ser políticamente incorrecta que finalmente resulta en algo tibio. Cualquiera que desee caricaturizar el fenómeno de la segregación racial en tiempos de Donald Trump debe ser bastante más agresivo que Henson, quien termina por provocar apenas un par de risotadas genuinas ajenas al chistecillo salido del humor de cabecera.

Estamos ante una obra que resulta más interesante en su forma que en su fondo, porque aún cuando la discriminación es un asunto que no tiene nada que ver con el humor, sí resulta bastante curioso que un muñeco de fieltro intente acoplarse a la cotidianeidad del ser humano. De un titere drogándose, pidiendo limosna o filmando pornografía, ya ni se diga.

De lo más descatado de esta cinta, además del trabajo de Melissa McCarthy que se las sabe de todas todas en la comedia ligera, sobresale la actuación de Maya Rudolph (que coincidió con McCarthy en Bridesmaids) en un pequeño papel como la asistente de Phil Phillips.

¿Quién mató a los puppets? no es una película dirigida para todo tipo de audiencia, puede que el espectador promedio la encuentre tan simplona que le resulte gozosa y divertida, pero seguramente no será un filme que caiga en gracia de los más exigentes, y no es que sea por el hecho de ser soez o irreverente, es más porque es un producto que hemos visto hasta el cansancio de un millón de formas y las novedades de esta propuesta son apenas relevantes.

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