“Siempre te esperaré” ¿Dónde quedó Wim Wenders?

por Miguel Mora Vargas

El reconocido y destacado cineasta, Wim Wenders, que en el pasado nos sorprendió con cintas que expresan su gran pasión por el arte como El amigo americano (RFA, 1977), París, Texas (RFA, Francia, Reino Unido, EUA, 1984), Las alas del deseo (Alemania, Francia, 1987) y Buena Vista Social Club (Alemania, EUA, 1999), se desvaneció en su regreso al cine de ficción con su última película: Siempre te esperaré (Sumergence, Alemania, EUA, España, Francia, 2017).

El desaparecido Wenders aborda, de una forma esquemática y maniquea, un tema calcado del cine comercial, por demás refrito, utilizando como pretexto una pasión de amor para mandar un mensaje recurrente de las películas actuales de Hollywood en contra del terrorismo, el mundo islámico y el deterioro ambiental.

Siempre te esperaré es una coproducción internacional, inscrita dentro del género de “suspenso romántico”, escrita por Erin Dignam y basada en la novela del mismo nombre de J.M. Ledgard.

Nos cuenta la historia de James Moore (James McAvoy), un espía Británico que se hace pasar por ingeniero hidráulico, y Danny Flinders (Alicia Vikander), una biomatemática experta en buceo en aguas profundas, que pretende descubrir el origen de la vida en nuestro planeta. Ambos se reúnen por casualidad en un lujoso resort en Normandía y los dos se preparan para sus  peligrosas misiones sin especificar su destino.

Después de varias coincidencias  ocasionales en el hotel, se produce un flirteo entre uno y otro para, sin más trámite, enamorarse inmediatamente. Wenders hecha mano de varias secuencias  de montaje que el cinefotógrafo Bennoît Debi logra con efectividad, mostrando varios “beauty shots” donde prevalece una tonalidad cálida, la piel de los protagonistas y sus cabellos tersos mezclados con sonrisas agradables crean la atmósfera del amor que nos deja claro que cada uno son el amor de sus vidas. Todos estos elementos artificiales juegan en la pantalla para que el espectador se la crea. Pero aún así, sus trabajos los obligan a separarse para cumplir con sus respectivas tareas.

Mientras Danielle explora el fondo del océano Atlántico en un sumergible amarrillo, James es atrapado y secuestrado por un comando de radicales somalíes.

Y es precisamente aquí donde la película pretende volverse más filosófica y abstracta, juntando las secuencias de Danny en el fondo del océano con la escasa  luz que  llega de la superficie y la celda sin ventanas en donde ha quedado confinado James, el comprometido agente del servicio de inteligencia M16 Británico. La analogía se basa en comparar la obscuridad de la celda con el fondo del océano, los pensamientos de cada uno y ver que están abandonados a su suerte, por emprender labores peligrosas en terrenos distintos. Pero por más intentos que establece para unir el terrorismo con el deterioro ambiental, Wenders no logra conectar y trascender en ninguno de los dos temas.

Ésta no es una película fascinante, a pesar de estar bien hecha, en su mayoría se convierte en una cinta superficial muy al estilo de Hollywood, donde los buenos pertenecen al occidente y los malos al resto del mundo donde se hospedan los terroristas islámicos.

Incluso hay momentos absurdos donde el prisionero enfrenta a sus captores que pretenden doblegarlo discutiendo nociones de trascendencia religiosas, y hablan de los cruzados como si ese fuera el punto de las grandes naciones sobre el mundo árabe o el mundo africano, sin importar el conflicto geopolítico.

El final es totalmente predecible, pero no te lo contaremos por si aún tienes ganas de verla.

Siempre te esperaré inauguró la 65 edición del Festival de San Sebastián y marcó el estreno europeo de esta coproducción, tras su paso por Toronto.

 

 

 

 

 

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