“Children of the Whales”: la fuerza constructiva del dolor

por David A. Ledesma Feregrino

Children of the whales es una serie de ánime dirigida por Kyōhei Ishiguro. Originalmente ideada como una serie de manga escrita e ilustrada por Abi Umeda, la historia fue adaptada por el estudio J.C. Staff, transmitiéndose en Japón en la segunda mitad de 2017. Netflix ha distribuido la serie en México desde marzo de este año, como parte de un claro esfuerzo por incursionar de lleno en el mundo del ánime.

Children of the whales relata la historia de los criminales de Fálaina, una población de apenas quinientas trece personas, asentada en una isala que lleva casi un siglo vagando por el mar sin motivo aparente. Aunque pocos lo saben, están esperando la condena relativa a un crimen perpetrado generaciones atrás. La falta fue impedir que alguna nous (una especie de ballenas fantásticas que mantienen las islas a flote a través del mar de arena) se alimentara de sus emociones, volviéndose únicos entre una multitud de humanos indolentes. En la tierra donde sucede la acción, los sentimientos están vistos como algo superfluo que hace a las personas débiles y primitivas, así que por norma, todos esconden y reprimen sus emociones.

La tranquilidad en la isla se ve amenazada cuando aparecen los primeros signos de vida en el exterior. Un nuevo territorio flotante revela que hay humanos más allá de la ballena de barro y que sus intenciones no son precisamente amistosas. El personaje de Lykos, una joven mujer que en un principio es agresiva, pero que se convertirá en una aliada, es el heraldo que avisa que el aislamiento de los hijos de Fálaina está por terminar. Nadie, más que el consejo de ancianos, parece dimensionar las magnitudes de lo que se avecina, hasta que un ejército extranjero se aparece en la ballena de barro, asesinando con armas de fuego a un pueblo pacífico que, aunque poderoso, no sabe utilizar su fuerza sobrenatural para dañar a otras personas.

La llegada de Lykos y el ataque inesperado serán las llamadas a una aventura que los dos héroes de la serie no podrán retrasar más. El primero de ellos, Ouni, es un prisionero y líder de un grupo que constantemente genera disturbios entre la población de la ballena. Su deseo ha sido siempre conocer qué hay más allá de aquel mar de arena. La sola aparición de una posibilidad que lo libere de esa estancia que él entiende como encierro será el motor suficiente para convertirle en el guía que el pueblo necesita. Sus ansias de exploración son las que llevarán a Chakuro, el cronista de la isla, a involucrarse de manera activa en el conflicto.

Más allá del universo fantástico ideado originalmente por Umeda, la serie plantea una analogía con todos los pueblos que han decidido desobedecer las órdenes de un imperio, ya sea por una idea utópica, por defender la dignidad humana o por simple soberanía. En este sentido, los hijos de la ballena son también los habitantes de Corea del Norte, los de Cuba, los municipios que en México están regidos por el sistema de usos y costumbres, y todas las sociedades del mundo que a lo largo de la historia han decidido revelarse frente a la hegemonía. Ellos, como los criminales de Fálaina, podrán o no haber tenido la razón, pero no podemos olvidar que el delito por el que se les sanciona no es otro que el de haber desafiado al poder.

Children of the Whales es una historia de hombres y mujeres idealistas que lo han entregado todo, hasta la vida misma, con tal de ser capaces de amar a sus propios hijos y con tal de proteger el corazón de las generaciones venideras. Cada uno de los personajes nos recuerda que a través del dolor y de la tristeza también nos construimos. Los criminales de Fálaina no sólo son la encarnación del derecho a disentir, sino los abanderados de la esperanza que sostiene que el amor y sólo el amor podrá salvar al mundo de la destrucción.

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