Un minuto de gloria: reseña

por Miguel Mora

Calificación: 4 de 5

La honestidad  puede llegar a tener  un precio muy alto, además de convertirse en una pesadilla para el que la practica, en especial si vive enfrascado en un mundo donde no existe la ley ni la justicia  y los valores humanos más elementales  son ficticios porque los medios de comunicación se han encargado de alterar la realidad para justificar la corrupción.

Un minuto de gloria (Slava, Bulgaria, 2016) es un juego de palabras simbólico que hacen los directores y coguionistas Ktristina Grozeva y Petar Valchanov, entre lo efímero que es la gloria y el reloj que es arrebatado al héroe anónimo que recupera un millón de levs (moneda actual en Bulgaria) de las vías del tren.

La historia esta contada con elemental elocuencia que resulta  sumamente efectiva. Todo transcurre de forma lineal como las vías del tren que revisa cotidianamente Tsanko Petrov, (Stefan Denolyubov) un humilde trabajador del ferrocarril, hasta que encuentra una maleta caída de algún tren con una suma desorbitante de dinero.

El dilema sobre el destino del tesoro descubierto lo decide Petrov, que representa el pensamiento ingenuo pero honesto del proletariado durante el periodo comunista. A pesar de que con su mísero salario apenas llega a fin de mes, decide entregarlo a las autoridades.

La directora de comunicación del Ministerio de Transportes, Julia Staykova (Margarita Gosheva ) aprovecha la oportunidad para desviar la atención sobre un escándalo de corrupción por la compra-venta de vagones. Arma al vapor una ceremonia de premiación en donde el ministro le entrega un reloj de última tecnología a Tsanko además de nombrarlo “héroe” de la clase trabajadora.

Todo es una puesta en escena en donde los directores aprovechan para hacer una parábola social que explora el grado de descomposición de la sociedad actual búlgara. El personaje de Margarita Gosheva es el de una  mujer petulante que hace y deshace a su antojo lo que quiere tanto en su trabajo como en su vida personal, mientras pretende, con desgano, quedar embarazada por medio de un tratamiento de fecundación asistida.

Pero esta carrera de distorsión de la realidad se ve afectada cuando el reloj moderno se descompone y  “Petrov” con su irritante tartamudeo que le impide comunicarse, decide devolver la prenda y recuperar su antiguo reloj de pulsera que le quitaron cuando le obsequiaron el nuevo. Sin embargo, cuando se presenta al ministerio ya nadie se acuerda del “héroe efímero”, lejos de ser bien visto, se convierte en una molestia por su insistencia.

Las cosas se complican porque la jefa de relaciones públicas perdió el reloj antiguo de este ser insignificante para el sistema y para el cúmulo de mentiras que debe inventar día con día.

De pronto, la historia cambia  bruscamente de tono, aquel que fuera reconocido y fotografiado en sus cinco minutos de fama, irónicamente se convierte en una amenaza que debe enfrentar Julia Staykova. Pronto es acusado de robo, encarcelado y obligado a disculparse públicamente con el ministro de comunicaciones.

Tsanko Petrov es golpeado, enlodado por la podredumbre del régimen, dejando una gran metáfora para los espectadores que invita a una reflexión sobre los valores humanos actuales.

Aunque es un cine de escasos recursos, Un minuto de gloria es una película bien ejecutada, con excelentes actuaciones que nos llevan a disfrutar de un resultado óptimo en pantalla.

La cinta fue exhibida para su lanzamiento en la Competencia Internacional del Festival de Locarno donde obtuvo varios reconocimientos, además se presentó en los Festivales de Gijón, Edimburgo y Transilvania.

Una apuesta inteligente y provocadora sobre la manipulación mediática, la utilización del poder artificial de los medios de comunicación.

La pueden ver en Cineteca Nacional.

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