Viaje al fondo del bloqueo del escritor

por David A. Ledesma Feregrino

Sobre Curso de belleza, amor y sexo de Israel Pintor

“Dicen que la creación artística tiene el poder de sanar a sus creadores”, piensa el personaje a punto de enfrentarse a la aventura. Acaba de salir de la relación más importante de su vida y la totalidad de los daños aún no ha sido inventariada.

El amor, cuando se marcha, deja a su paso una serie de vacíos cuyos efectos son imposibles de prever. La despedida suele confrontarnos con verdades que habíamos luchado por tapar o hacernos sentir incluso que, de un momento al otro, ya no sabemos quiénes somos. El personaje, dedicado a la escritura, se piensa listo para embarcarse en el proyecto de su próxima novela. Se sabe talentoso, ya más de uno se lo ha dicho, y se sabe también capaz, pues éste no será su primer libro; no cuenta, sin embargo, con que el amor le ha arrebatado la fuerza de atracción que lo mantenía adherido al escritorio el tiempo necesario para verter la entraña en el procesador de textos.

Curso de belleza, amor y sexo es una novela sobre el mundialmente temido writer’s block, ganadora del Premio Andalucía Joven de Narrativa 2015 y publicada por editorial Berenice en 2016. Su autor, Israel Pintor, es un joven mexicano que ha hecho del suelo andaluz su segunda patria. La historia es la misma que la de su personaje; ambos se alejaron del seno de Coatlicue para encontrar los más hondos anhelos de su juventud: el amor de un hombre, validación y la oportunidad de dedicarse a la escritura. Los tesoros descubiertos lucen, sin embargo, lejanos en el momento en que el lector conoce al personaje. El desamor y la pérdida de la seguridad propia son las estrellas que guían esta novela.

La apuesta de Pintor es arriesgada desde que decide enmarcar su obra en el género de la autoficción. El libro que presenta utilizó como materia prima una fracción del entendimiento que el autor tiene de sí mismo, a la que le ha sido otorgada vida propia. Sin perseguir una novela autobiográfica y sin buscar coherencia entre el tiempo de la ficción y las historias reales, Pintor da a luz un ser con el que comparte el código genético para estudiarlo después en las condiciones aisladas de su literatura. Nos regala así la historia de un escritor que tendrá que sumergirse en los pantanos del desamor para que le sea otorgada la corona de la confianza en sus propias letras. En el camino quizás aprenda, y aprendamos con él, que no hay forma posible de escapar de las tristezas que nos ha asignado la vida como cuota para habitar un cuerpo humano.

Ojos como tinta

Curso de belleza, amor y sexo es una novela que se escribe al mismo tiempo que es leída. Con un narrador que utiliza la segunda persona, y que se perfila como la voz interna del personaje, el autor consigue generar un texto que se antoja un instructivo para sanar después de una ruptura. Este hecho, sin embargo, no merma la estructura narrativa ni las figuras poéticas desplegadas a lo largo de la obra. “Aunque sea falsa, alcanzarás una objetividad prudente”, se dice el personaje a sí mismo antes de elegir esta voz, con la intención de alejarse lo suficiente de su propia historia como para empezar a analizarla con la crudeza y la honestidad brutal que necesita.

El mundo que el personaje ha dejado atrás es el paraíso del amor correspondido. “Lo tienes todo”, solía decirse a sí mismo, “lees, escribes, tienes sexo con amor”. “Yo lo que quiero es un hombre como Dios manda”, lee antes de abandonar México en un libro de Laura Restrepo, “bondadoso como un perro y presente como una montaña”. La cita es mucho más que un buen presagio, es el heraldo que, como la pitonisa de la Catedral, le anuncia que por unos instantes ha de tenerlo todo. Pero nadie se libra de la impermanencia y, en un abrir y cerrar de ojos, el escritor está de vuelta en ese torbellino de inseguridades en que nos convertimos cuando perdemos nuestra fuente de oxitocina.

El personaje tiene claro su deseo, quiere volver a la escritura tan pronto como sea posible. Pero la aventura poco sabe de la voluntad humana y responde sólo a los designios de entidades superiores. Lo que el destino le ha preparado a este escritor es un viaje hacia sí mismo. El autor sugiere así que la pausa y el descanso son también parte del proceso de escritura, siempre y cuando persigamos el balance preciso. Un bloqueo, bien mirado, con la cara positiva, puede ser más bien una aventura que nos pide viajar a las cavernas de nuestro universo interno para recuperar algo que hemos perdido en las batallas del día a día.

Curso de belleza, amor y sexo nos invita a complejizar en torno a los recovecos de la creación artística, a replantearnos los significados que hay detrás de un cuerpo que se niega a escribir un solo párrafo y a valorar el regalo divino que es la inspiración. Es, además, una especie de talismán capaz de iluminar los pasos de quienes se encuentran escribiendo una obra literaria. “¡Escribe!”, puso el autor en la dedicatoria que tiene mi ejemplar en la primera página, “¡Que la vida son dos días y en uno hay bloqueo!”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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