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Sexy por accidente: Cuestión de actitud

por Concepción Moreno

Este es el mundo de Amy Schumer y nosotros sólo estamos viviendo en él.

Al menos así se siente desde hace un par de años en los que la comediante ha logrado entrar en el mundo que titila del estrellato. Es el prototipo de la nueva celebridad: imperfecta, malhablada, casi vulgar. No es coincidencia que ella y Jennifer Lawrence sean mejores amigas.

Si no han visto Esta chica es un desastre, dirigida por Judd Apatow, se han perdido de una receta para el humor inteligente. Vayan a verla, aquí los espero.

¿Ya? Ahora hablemos de su nueva cinta. Sexy por accidente (I Feel Pretty, EU-2018) es una comedia romántica para mujeres millennials… y en realidad para cualquier tipo de mujer.

Me explico: dado los altos estándares a los que hemos estado sometidas las mujeres, no hay mujer, por guapa que sea, que no se levante sintiéndose una piltrafa, la cosa más fea del mundo. Todas conocemos la frustración de mirarnos en el espejo y no reconocer a la que nos devuelve la mirada. O ver en ella lo que más odiamos: la mujer gorda, celulítica y arrugada de nuestras pesadillas.

Así le pasa a Renee (Schumer), una mujer común algo entradita en carnes que se siente el bicho menos atractivo del barrio. Obsesionada con la belleza, trabaja en una empresa de productos cosméticos. Claro que no lo hace donde están las modelos, sino en un sótano del Chinatown de Nueva York, alejada de la vista de todos. Y ella está de acuerdo. Tan insegura es que ha permitido siempre que la traten con la punta del pie.

Eso es así hasta que un día, en una clase de spinning (bien sabemos las gorditas que para ser bellas primero hay que sudarle), Renee se da un golpe en la cabeza y despierta en una ilusión; una donde es la mujer más guapa del mundo y no hay hombre, ni mujer, ni empleo que se le resistan.

Y así todo cambia. Se vuelve atrevida con los hombres, pide su empleo soñado y hasta se hace amiga de la jefa de la empresa (Michelle Williams, nomás cobrando el cheque y poniendo el rostro). La compañía de maquillaje, siempre de lujo, ahora está buscando llegar al público de bajo costo. ¿Quién tiene la respuesta para ese acertijo? Por supuesto que Rennee.

La tesis de la película es que ser sexy es mera cuestión de actitud. Si un día despertamos sintiéndonos los más sabrosos, no habrá fuerza que pueda detenernos. Suena estúpido y simplón. Lo es, pero como todo cliché algo de verdad tiene.

En la preparatoria tuve una compañera de clase bigotona. Bi-go-to-na. Decir que lo suyo era un mostachito es ser amable. Ah, pero cómo traía locos a los muchachos. Cambiaba de novio cada semana hasta que había recorrido toda la generación. Y cuando hizo eso, se fue a la siguiente. Todas la admirábamos. Quizá el bigote era lo que le daba el sex appeal. La verdad es que seguramente no le daba ni un sorbete de pena verse como mi general Pancho Villa en falda. Ella era guapa y el mundo le respondía afirmativamente.

Algo así sucede en Sexy por accidente. Primero con escepticismo y luego con fulgor el mundo sigue a Renee a donde quiera que ella quiera llevarlo. Qué les digo: sigue siempre al que se vea más seguro de la fila. Al menos si caen, caerán con convicción.

Sexy por accidente es predecible pero eso no la hace menos divertida. Tiene buenos chistes y Amy Schumer es una campeona. Dará el semanazo seguro. No la dejen ir.

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