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Orcas enclaustradas: Blackfish

por J. Zandi

 Blackfish (EUA, 2013) es un documental de Gabriela Cowperthwaite acerca de las orcas en cautiverio, especialmente las que se encuentran en la cadena de parques acuáticos Seaworld.

La pieza abre con el audio de una llamada de emergencia al 911 en el que un entrenador, con voz entrecortada, anuncia que una de sus compañeras ha sido devorada por una orca. Mientras escuchamos la impactante llamada,  vemos la imagen de un entrenador que salta fuera del estanque parado en la tronpa de una ballena: estamos en Seaworld, todo es felicidad, sueños y esperanza.

Con esto,  la directora cimienta el contraste bajo el que estará estructurado todo el documental: la versión risueña de los parques acuáticos y sus defensores contra la cruda realidad de las orcas en cautiverio narrada por las voces de ex-colaboradores de los parques acuáticos.

La historia analiza la presencia de las orcas en parques de entretenimiento, mostrando que su comportamiento en cautiverio difiere al que presentan cuando están en libertad. Resaltando, sobretodo, los ataques a los entrenadores. El filme está compuesto por una mezcla de entrevistas, anuncios publicitarios de Seaworld y grabaciones de aficionados dentro de los parques.

En su mayoría, Cowperthwaite entrevista a ex-entrenadores, quienes en un inicio  narran cómo llegaron entusiasmados a formar parte del mágico mundo de Seaworld por la posibilidad de trabajar con bellos animales y ayudarlos como si fuese parte del sueño estadounidense.

Conforme avanza el documental, los entrevistados comienzan a ser más críticos, señalando actividades poco éticas de la empresa y notando que las orcas muestran un comportamiento hostil o inquieto, como si fuesen seres humanos privados de su libertad. Incluso llegan a utilizar la palabra “frustración”, algo que jamás me hubiera imaginado que pudiera experimentar un animal.

Estas personas comparten la forma en que Seaworld ocultó los ataques porque su filosofía era culpar a los entrenadores con declaraciones como: “la entrenadora tenía la cola de caballo demasiado larga y por eso la cogió la ballena”.

Otras voces muy interesantes son las de un cazador de ballenas y un especialista de OSHA, la agencia que lidia con la seguridad de los trabajadores.

La historia del cazador es desgarradora: narra cómo alguna vez persiguieron a una vaina de orcas y lograron aislar a las madres de sus ballenatos. De allí, lograron pescar a uno de los ballenatos mientras las madres lloraban ante la tragedia. El cazador confiesa que jamás se había sentido tan avergonzado en la vida.

Mientras, el especialista de OSHA y un científico comparten datos muy reveladores sobre las ballenas:

  • Las orcas en cautiverio viven sólo 30 años, mientras que en libertad tienen la misma expectativa de vida que el ser humano.
  • Las ballenas que habitan en los parques tienen la aleta dorsal caída, lo cual es un síntoma de enfermedad ya que este fenómeno no se registra en las orcas en libertad.

La ballena Tilikum es un gigante de casi 6 toneladas y padre de muchas de las criaturas en cautiverio. Esta impresionante orca macho cuenta con un largo historial de agresiones en contra de sus entrenadores pero las autoridades hicieron caso omiso de diversas advertencias al respecto, quizá porque el valor de espécimen y el de su semen, se calculaba en millones de dólares para Seaworld.

Blackfish  es un documental impactante que te dejará reflexionando sobre si es correcto llevar a tu familia a visitar este tipo de parques acuáticos e incentivar el cautiverio de los hermosos gigantes que pertenecen al océano.

Disponible en Netflix.

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