La importancia de llamarse Kratos: el regreso de God of War a los videojuegos

 

por Hugo Juárez

El 22 de marzo de 2005, el mundo conoció por primera vez la furia infinita de un semidios griego llamado Kratos, quien primero era un guerrero espartano “normal” hasta que comenzó a obsesionarse por el poder. Es por ello que para convertirse en el guerrero más fuerte de Esparta, decide pedir ayuda a los dioses. Ares, dios de la guerra, lo escucha y le regala las Espadas del Caos, a cambio de servirle. Kratos acepta y mata a todos a quienes Ares le ordena… incluidas a su esposa e hija, quienes son asesinadas por culpa de un engaño del dios en contra de Kratos.

Buscando venganza, vuelve a confiar en otra deidad, esta vez en Atena, quien le asiste para vengarse de Ares, sin saber que iba a ser engañado de nuevo. Cegado por el resentimiento, Kratos mata a Ares con ayuda de la diosa, pero al ver que librarse de las cadenas de los dioses no lo salvó de sus pesadillas, intenta suicidarse para reunirse de nuevo con su hija. Atena lo detiene poniéndose entre él y su arma, y muere. Después, la diosa lo convierte en el nuevo dios de la guerra, pensando que él sería el único que traería orden a la Tierra. Sin embargo, es aquí donde Kratos se entera de que es hijo de Zeus, y de que también lo ha traicionado, por lo que decide revelarse contra su propio padre y contra todo el Olimpo, causando muerte, caos y destrucción en toda Grecia.

“El fantasma de Esparta”, como también se le conoce a Kratos, es a todas luces un personaje con una brutalidad justificada. En pos de la venganza, ha decapitado dioses, desmembrado bestias mitológicas y destruido templos; también se ha hecho fama de “antihéroe” y del “cabrón más cabrón de los videojuegos”, ganándose hordas de fans varones que admiran su fortaleza y su capacidad de llevar a cualquier ninfa a la cama, pero también de muchas chicas que sueñan con su carácter, sus brazotes, su vulnerabilidad oculta y su fuerza.

Son más los que aman a Kratos que los que lo odian, de ahí que se haya convertido a lo largo de estos 13 años de existencia en un ícono de los videojuegos y de la cultura pop (ha aparecido en otros videojuegos como Mortal Kombat, en Los Simpson y en Robot Chicken). Pero detrás de toda la sangre, la furia, la violencia y la pleitesía a Kratos, se halla una típica historia de tragedia griega cuyo protagonista es uno de los personajes más humanos de la industria.

La tragedia de Kratos, un ser humano a quien los dioses le han quitado lo que daba sentido a su existencia, es arquetípica en el sentido de que habla de un individuo que busca revertir el desastre (provocado por él mismo y su ambición) y cambiar su destino. Es por ello que se alía con diversos personajes que le prometen ayuda a cambio de la sangre de sus enemigos. Y él cree, pues debajo de esos músculos y esas cadenas manchadas, está un ser extremadamente vulnerable y crédulo que bien podría ser cualquiera de nosotros. Ésta es la razón por la cual tantas personas se identifican con él a pesar de ser un personaje de videojuego en un mundo fantasioso.

Lo anterior nos hace recordar por qué las historias clásicas griegas resuenan todavía en el siglo XXI, y por qué los grandes autores se han inspirado en ellas para deleitarnos con tantas historias.

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