Un thriller milimétrico

por Miguel Mora

Se les llama thriller a las películas de ficción que se caracterizan por mantener una trama en suspenso permanente. La palabra viene del verbo en inglés to thrill, que es equivalente a estremecer o emocionar.

Para lograr una buena cinta dentro de ese género, la realización debe ser impecable y sostener  la tensión dramática alrededor de las intrigas e incógnitas  en las que se ven envueltos los personajes hasta llegar al final y alcanzar el thriller perfecto. Es así como se le puede llamar a Los tres días del cóndor (Three Days of the Condor , EUA, 1975) película a color, adaptada de la novela de James Grady, dirigida por Sydney Pollack.

La Sociedad Americana de Literatura Histórica en Nueva York es en realidad una oficina encubierta de la CIA en donde trabaja Joseph Turner (Robert Redford), un insignificante funcionario de nombre clave Cóndor, su labor consiste en descifrar  mensajes codificados en  libros y revistas para descubrir  operaciones secretas que puedan alterar la estabilidad de EUA, pero sin ser parte del complejo mundo del espionaje.

Todo comienza una mañana normal en el interior de una oficina: Turner sale a comprar el almuerzo por encargo de su jefe. Mientras tanto, sus compañeros son sorprendidos y masacrados por un equipo de sicarios, al volver, descubre los cadáveres y horrorizado deduce que se trata de una operación de limpieza. A partir de ahí los acontecimientos se desatan de forma vertiginosa, dándole un margen mínimo para reaccionar.

Las cosas se complican gradualmente, Turner sabe que fue el azar lo que lo salvo. Primero pide ayuda por teléfono a uno de sus superiores llamado Higgins (Cliff Robertson) que lo instruye para encontrarse con otro agente, pero el hombre que le envían y su acompañante intentan matarlo, en ese momento la historia da una vuelta de tuerca porque el protagonista entiende que es la propia CIA la que está atrás de todo esto.

La incertidumbre  aumenta, el personaje  se convierte en un fugitivo sin rumbo, pierde la noción de la realidad, porque su mundo alrededor se desploma. En un acto de desesperación y audacia rapta  a la fotógrafa  Kathy  Hale (Faye Dunaway) quien se ve obligada a ayudarlo a escapar y a ocultarlo en su departamento. Turner la convierte en su cómplice, comparte su historia y viven una breve pero intensa historia de amor,  ella  lo ayuda en su búsqueda para entender cuál es el motivo del  asesinato de sus compañeros. Pronto se encuentra a Joubert (Max von Sydow) un personaje ambiguo, un asesino frío y calculador que hace las veces de verdugo y salvador: por un lado intenta matarlo y por otro lo ayuda a salir del alcance de sus  perseguidores.

Por último, llega el momento de enfrentar a los que iniciaron la persecución despiadada, se aleja de Kathy  y va al encuentro de Higgins, la aparente cabeza de la amenaza que lo persigue. Aquí Pollack abre las puertas de la sala del cine y deja el final a la interpretación subjetiva de cada espectador.

Los tres días del cóndor es una película con un guión matemático, ejecutado con una precisión milimétrica que funciona  como el dispositivo de una bomba y cumple en tiempo y forma con las reglas del suspenso para mantener al espectador atrapado en la acción. Su estructura está al servicio de la historia y no a la inversa.

Fue estrenada en 1975 y de inmediato se convirtió en un éxito comercial. Hay que recordar que Estados Unidos había sido sacudido por varios escándalos políticos incluidos el Watergate antes de la exhibición y eso ayudó a que alcanzara un efecto insospechado en la audiencia.

Por primera vez, el público norteamericano  desconfiaba del poder establecido. Los estadounidenses tenían la impresión de que las instituciones en las que siempre habían confiado eran manejadas por los  intereses mezquinos y privados  de  unos cuantos y que se presentaban camuflados tras la apariencia  de la legalidad para servir a intereses obscuros, de tal forma que la película vino a embonar en ese sentimiento a la perfección.

Pero no es la coincidencia con el momento político lo que hace de Los tres días del Cóndor un trabajo inusual, la labor de Sydney Pollack es notoria, su  trabajo de montaje preciso, se aleja de los estereotipos narrativos y pone en funcionamiento su vasto conocimiento del lenguaje  cinematográfico para fabricar una historia repleta de interrogantes que deja al espectador para dar la última interpretación.

Filmada en una combinación de lugares carismáticos, la fotografía a cargo de Owen Rolzman, es sumamente efectiva, la luz apoya a los encuadres, sin hacer alarde de colorido, más bien apoya la idea de una iluminación contrastada y sórdida para beneficio de la historia .

La película, aparte de ser un thriller inteligente y lleno de suspenso, supera su tiempo, porque se convirtió en un film premonitorio de muchos escándalos protagonizados por las agencias de inteligencia de EUA.

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