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El arca rusa: una película en una toma

por Miguel Mora

¿Te imaginas una película entera filmada en una sola toma? Un plano secuencia es cuando un director decide filmar una o varias secuencias sin cortes para narrar una parte de la historia y  es uno de los estilos más complejos para filmar  porque constituye un  reto formal para cualquier cineasta.  Este reto se vuelve más complejo cuando se tiene que controlar multitud de actores en escena y la historia es narrada por los fantasmas de personajes importantes del pasado. Todos estos son los elementos de una hazaña sin precedentes que puedes ver plasmados en El arca rusa (Rusia, 2002), película filmada en una sola toma con una duración mayor de 90 minutos,  grabada en color HD, escrita y dirigida por Aleksandr Sokúrov .

Todo comienza con la llegada de una carroza al museo Hermitage de San Petersburgo en un día de invierno. Varias parejas  descienden e ingresan por una entrada menor del Palacio. La voz del director va narrando el trayecto que emprende el marqués de Coustine (Sergey Dreyden), un diplomático francés del siglo XVIII. En su recorrido, se encuentra con varios personajes reales y ficticios de diversos periodos de los tres siglos de historia del palacio, convirtiendo su paso en un increíble viaje por el tiempo.

La cámara avanza mostrándonos óperas y obras teatrales de la época de Catalina ll (Mariya Kuzentsova), a Pedro el Grande (Maksim Sergeyev), fundador de la ciudad de San Petersburgo; una ceremonia protocolar del Zar Nicolas l de Rusia, así como escenas cotidianas de la familia de Nicolás II (Vladimir Baranov).

En los espacios contiguos o, en un mismo salón, ocurren hechos históricos importantes sin orden cronológico. Vemos al director del museo murmurando sobre la necesidad de hacer reparaciones durante el periodo de Stalin y a un desesperado ciudadano de Leningrado fabricando un ataúd durante el asedio de 900 días de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial.

En todo momento, el único nexo de unión entre el espectador y las acciones que se descubren es el diálogo entre el noble francés que mira a la cámara y la voz en off de Sokúrov, haciendo de este ejercicio un juego en el que la cuarta pared se rompe  constantemente.

La película remata con una recreación del último gran baile imperial celebrado en honor al Zar Nicolás II en 1913. La suntuosidad  y el toque imperial resaltan al escuchar la música de una orquesta sinfónica que interpreta piezas de Glinka (Valeri Guérguiev) para acompañar  a los cortesanos en la danza mazurca.

La cinta muestra más de 33 habitaciones del museo en las que participaron alrededor de 867 actores principales. Pero eso no es todo, Sokúrov requirió de tres orquestas para que tocaran en vivo y más de mil actores extras ensayaron durante varios meses bajo las instrucciones de 22 asistentes de dirección, quienes marcaban cada entrada y salida de los participantes.

Podemos imaginar los instantes de tensión a la hora del rodaje: todo estaba planeado para hacerlo en un mismo día, en el momento en que el museo cerraba sus puertas al público. Para ello, el equipo técnico y demás preparativos básicos como la iluminación y el vestuario debían estar en posición para dar inicio al mayor plano secuencia en la historia del cine. Cada figurante y actor estaba preparado en el lugar y momento apropiado para entrar en acción. Todo fue planeado para que funcionara como un mecanismo de reloj.

En palabras del director, el trabajo del conjunto “fue frenético” debido a que la cámara tenía que seguir el recorrido programado por las salas del museo para lograr una pieza única y continua.

La película fue grabada en video de alta definición usando un disco duro que sólo podía conservar cien minutos de información. Se realizaron cuatro intentos antes de lograr capturar todo en una sola toma ya que los primeros tres tuvieron que detenerse por errores en la ejecución, pero el cuarto fue exitoso.

La toma fue ejecutada por el conocido operador de Steadicam Tilman Büttner, el mismo que operó la cámara en la película Corre, Lola, corre (Alemania, 1998) y  la iluminación estuvo a cargo de Bernd Fischer. Este equipo de profesionales se enfrentó con el problema del idioma, porque Sokúrov solo habla ruso y Büttner alemán, de modo que un traductor estuvo encargado de interpretar las instrucciones para que entendieran todos, incluyendo los siete técnicos que apoyaban la labor de Büttner.

Este esfuerzo colosal queda en la memoria del cine por ser la única película filmada en una sola toma. Años antes, Alfred Hitchcock lo intentó con La soga (EUA, 1948), pero las limitaciones técnicas de la época lo obligaron a buscar un lugar de inicio y final, cortando para cargar la película ya que cada magazine o rollo de película solo le permitía captar 10 minutos de la historia cada vez. 

El arca rusa es una historia de fantasmas, personajes deslumbrados por su propio mundo que fueron sorprendidos y arrasados por la  historia, con una duración de 96 minutos, es reconocida mundialmente por su impresionante propuesta.

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