Viva México: nacionalismos, malichismos y los mexicanos en el Óscar

Una bola de sentimientos encontrados se destaron en redes sociales a raíz de la participación y desempeño de artistas mexicanos en la emisión número 90 de los Óscares. Sentimientos que sólo denotan nuestros deseos de éxito y anhelos de una mejor realidad para nuestros país, así como un marcado malinchismo.

Lo mejor fue que Guillermo del Toro ganó Mejor película y Mejor director con La forma del agua, y que nos conmovió con su discurso; que la canción interpretada por Natalia Lafourcade para la cinta Coco ganó Mejor canción original, y que hubo mucha presencia mexicana en la entrega.

Eso, de entrada, estoy casi seguro que agradó a muchos, sin embargo, las críticas no se hicieron esperar: Que si Del Toro no habló en español porque ya no se siente mexicano, que si Natalia Lafourcade se veía chaparrita en el escenario y además chifló como carretonero cuando los compositores de Coco ganaron el Óscar; que si Eugenio Derbez y Salma Hayek no tenían nada que hacer ahí, y mucho menos Eiza González con su vestido amarillo que fue sujeto a decenas de memes que circularon por la red… y, para rematar, que si Gael García cantó horrible, etc, etc, etc.

Muchos señalaron los comentarios anteriores como un característico signo de malinchismo del que padecemos los mexicanos: esa envidia que nos aflora cuando alguien triunfa… la típica olla de cangrejos.

Lo que creo es que nuestros juicios son mucho más severos cuando se trata del desempeño de nuestros compatriotas en eventos internacionales. Pero quizá, debamos relajarnos y dejarlos ser con sus sueños, sus ilusiones y sus errores. Total, ¿qué más da? Nadie será tan crítico como nosotros así que lo más seguro es que cualquier detalle a criticar sólo lo veamos nosotros, a menos que de plano sea muy grave.

Por otro lado, esa dureza de juicio corresponde a un grupo de individuos cuyo país deja mucho que desear, donde todos, cargados de frustraciones, queremos ver perfección en el otro para sentirnos mejor con nuestra realidad: Atacamos a esos mexicanos “por su bien”, para que sean mejores, para que sean perfectos, para que sean como nosotros queremos y deseamos que sean, porque nuestra realidad no es mucho mejor que la que ellos están viviendo.

Y entonces nos volcamos sobre estos mexicanos como si fueran los representantes nacionales y parece que nuestro honor resultaría manchado si ellos no lo hicieran bien… de hecho, resultaría más manchado de lo que ya está, porque quién sabe si aún queda algo en medio de tanta corrupción, pobreza y narcotráfico. Así pues, deseamos borrar toda mancha indigna y les exigimos lo que no pueden darnos.

La bola de sentimientos encontrados que se vivieron a raíz del Óscar son la proyección de unos mexicanos que soñamos con ser Del Toro y hasta nos evadimos con él porque sentimos que no tenemos nada, que aquí todo es basura. Su esfuerzo debería darnos ánimos para cumplir nuestros sueños pero “en este país las cosas no van a cambiar”, y quizá no estemos dispuestos a irnos.

La cuestión es… ¿no hay nada rescatable en México? ¿No hay nada más allá de Del Toro, que se fue para el otro lado, que nos ilusione para cumplir nuestros sueños en este país? Hay muchas cosas malas pero ¿no hay algo bueno que realce nuestra autoestima y nos deje de hacer sentir tan… Región 4?

No se trata de maquillar las cosas con una actitud positiva, sino de observar lo que tenemos para disfrutar los logros, porque mientras uno se siga sintiendo en la carencia, no importará qué hagamos ni a dónde vayamos. Hace falta un cambio de mentalidad. ¿Hacia dónde? Habrá que construirlo.

Últimas observaciones: Primero, cerca del 95% de los que se burlaron de Eiza, ya la querrían para un sábado por la noche (les dejo la foto de cómo se vistió para la fiesta después de la entrega para que vean que no me equivoco). Y, segundo, Gael García sí cantó espantoso.

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