El cine dentro del cine, una mirada al interior de Sunset Boulevard

por Miguel Mora

Son varias las películas que gravitan alrededor de momentos cinematográficos o sucesos reales que forman parte de la historia  del cine, digamos que los hechos que se cuentan  resultan una  introspección del cine dentro del cine, tal es el caso de El ocaso de una estrella (Sunset Boulevard, 1950, EUA). Cinta en blanco y negro dirigida por Billy Wilder, co-autor del guion.

La película sucede en Hollywod de los años 50 y es narrada en flashback por un difunto escritor fracasado que flota en una alberca, Joe Gillis (William Holden). El muerto cuenta su relación con una antigua estrella del cine mudo, Norma Desmond (Gloria Swanson). La diva  vive sola con su mayordomo Max (Erich von Stroheim) y está trastornada por el olvido y la indiferencia de los estudios. Max, quien fue su director y esposo en el pasado, la protege y la aísla del mundo.

Pero Norma no deja de pensar en su regreso a la gran pantalla, para lo cual le propone a Joe Gillis que se mude a la mansión y la ayude a escribir un guion. Con el tiempo se convierten en amantes y él  en una especie de gigoló incómodo. Sin embargo, la tragedia se huele en el aire y cuando Joe se enamora de la joven escritora aspirante Betty Schaefer (Nancy Olson) pronto se produce el terrible desenlace.

La historia transita de la mano de la ironía y la decadencia con los comentarios que hace Norma Desmond sobre las películas: “…Yo soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas”, y la contestación de Gillis dicha en voz baja: “Siempre supe que algo andaba mal en ellas”.

En realidad, Billy Wilder hace una ficción plagada de realidades que se incrustan hábilmente en la narración y pasan desapercibidas a simple vista. Sin embargo, si observamos y escuchamos  con atención, descubrimos que las  personas y frases que rodean a Norma Desmond, son dignas de un museo de cine. Es el caso de esas ”figuras  de cera” como nombra Joe Gillis a los que acuden a  jugar al bridge en la antigua mansión de Norma. Se trata de tres antiguas estrellas de Hollywood, contemporáneas de Swanson: Buster Keaton, Anna Q. Nilsson y H.B. Warner. Al igual que Cecil B. DeMille, se interpretan a sí mismos aunque en la película no se mencionan sus nombres.

Más aún, cuando Max el mayordomo proyecta una antigua película de Norma Desmond, en realidad se trata de una escena de ”La reina Kelly (Queen Kelly, 1928), película en la que dirigió Erich von Stroheim a Gloria Swanson. Y de la cual fue despedido por el productor Joseph P. Kennedy, padre del futuro presidente de los Estados Unidos y por entonces amante de la actriz.

A Sunset Boulevard se le puede abordar como un relato de cine negro que sirve  para hablar del cine. Una osadía que en su momento causó polémica e incluso malestar, porque hablar del cine en sentido crítico, desde el cine mismo no era común para Hollywood en los años 50.

Sin embargo, lo novedoso de esta cinta no está en la citas,  la gran innovación es que el narrador es un muerto: el guionista Joe Gillis, cuyo cuerpo flota inmóvil en la piscina de la mansión de Norma Desmond, lleva el hilo conductor. En ese sentido, Sunset Boulevard se salta todas las convenciones narrativas del cine de la época.

Con esto, Wilder plantea una pregunta importante: ¿cómo un hombre muerto puede narrar la película?, la frase del principio en donde se escucha la voz de William Holden diciendo “…antes de que los columnistas de Hollywood lo tengan en sus manos…  tal vez te gustaría escuchar los hechos, toda la verdad. . . ”  es contundente y el público pronto descubre que en eso radica la genialidad y la originalidad del planteamiento de la historia.

Para lograr la escena mostrando el cuerpo inerte de Joe Gillis en el agua,  el cinefotógrafo  John F. Sietz colocó un espejo en el fondo de la piscina y se filmó el reflejo, en aquella época era imposible rodar bajo el agua y lograr una imagen tan nítida.

El último acto en las escaleras de la gran mansión es memorable, Norma Desmond cruza el umbral de la puerta de su recámara, se escucha la voz de Erich von Stroheim pedir luces, ella voltea, él le explica la escena, corre la acción  y Gloria Swanson desciende la escalera para representar la última escena de ficción dentro de la ficción que dirigiría von Stroheim para ella, en ese momento la  escena la vuelve inmortal.

 

 

 

 

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