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Lo nuevo de Woody Allen: La rueda de la maravilla

por Miguel Mora

Vivir en un parque de diversiones no siempre resulta entretenido y ese es el tono de  la historia que nos cuenta Woody Allen  en  su última entrega,  La rueda de la maravilla (Wonder Wheel, 2017, EUA).

La cinta está ambientada en el parque de diversiones Coney Island de Brooklyn a fines de la década de 1950, por lo que se podría suponer que es una película más “personal” del autor nacido ahí mismo, pero no es el caso. Lo que busca en todo momento es el atractivo visual del lugar sin descuidar uno de los temas que más le obsesionan: la familia. Esta vez  encerrada en  una feria de diversiones, nos hace recordar la frase de su gran obra  Annie  Hall (1977, EUA) en donde él mismo dice: “…juro que crecí en una casa abajo de una montaña rusa de la sección de Broklyn de Coney Island.” Y en esta ocasión, como si acentuara la frase, se adentra al corazón del parque de diversiones donde sus personajes viven atrapados entre los bullicios y las atracciones mecánicas a las que acuden miles de turistas.

Cada uno de los personajes involucrados en la historia trata de cumplir sus ilusiones pero arrastran un pasado del que no se pueden librar.

Ginny (Kate Winslet) y su esposo, Humpty (Jim Belushi), habitan justo en el paseo marítimo en un sencillo apartamento. Ella es camarera en un restorán de la playa; él opera el carrusel. Ella estuvo casada y tenía ambiciones de ser actriz, de ahí que exagere y dramatice su vida cotidiana, además de tener que sobrellevar y proteger a su hijo pirómano. Humpty, un hombre rudo pero de buen corazón, es un alcohólico controlado  al que hay que tener constantemente lejos de la bebida.

Pronto irrumpe en sus vidas Carolina (Juno Temple) —hija de Humpty de un matrimonio anterior— buscando refugio porque huye de su marido mafioso. Humpty acepta a Carolina después de una breve  reconciliación. Mientras tanto, Ginny está enamorada de Mickey (Justin Timberlake), el salvavidas local, quien asiste a la Universidad de Nueva York y se considera un dramaturgo en ciernes y más tarde empezará a cortejar a Carolina causando el desenlace de la historia.

Dentro de los aciertos  que realzan la película está el tratamiento fotográfico a cargo de Vittorio Storaro, cinefotógrafo que cruzó de la mano de Allen el umbral de filmar en película a capturar las imágenes en el sistema digital cuando rodaron Café Society en 2016. Compañeros de fórmula, expertos en recrear época para la pantalla grande, ninguno de los dos le teme a los planos abiertos y lo demuestran puntualmente en La rueda de las maravillas, utilizando lentes de poca distancia focal cuando lo requiere la historia, de tal forma que uno queda convencido que de verdad  todo sucede en el Coney Island de los años 50.

Storaro logra una atmósfera propicia para el drama interior en el departamento improvisado de Ginny y Humpty, en donde predominan los tonos naranjas que contrastan con las luces de neón y los azules intensos de los exteriores, de esa manera logra separar el mundo exterior del mundo en donde viven estos personajes, consiguiendo capturar la atención en el drama interno por el que pasan.

Por otro lado, es imposible dejar pasar de largo la influencia de Tennessee Williams sobre Allen, porque  la situación que plantea tiene los mismos elementos de Un tranvía llamado deseo, en donde Ginny vendría siendo una especie de Blanche DuBois pero sin la fuerza y la profundidad de la original, así como Humpty nunca alcanzará los niveles de Stanley Kowalski.

Sin embargo, la historia cumple y con un tono irónico los personajes terminan siendo arrastrados por su destino.

Cabe recordar que en un set cinematográfico todo puede ser tan falso como lo que vimos y pensamos por un momento que era real, pero de eso se trata el cine, de hacer una interpretación falsa de la realidad.

Calificación: 4.5 de 5

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