Tobe Hooper: Un mal día

Tobe Hooper murió de causas naturales el 26 de agosto del 2017 a la edad de 74 años.


Una de las escenas más perturbadoras del cine de horror es la secuencia final de The Texas Chain Saw Massacre. Una chica rubia y desaliñada a la que le escurre sangre por el rostro trepa a la caja de la bendita camioneta pick up que se ha detenido en medio de la carretera y consigue alejarla de la pesadilla en pleno shock de histeria.

Atrás queda Leatherface, con su grotesca máscara confeccionada con piel humana y su  delantal de carnicero, ejecutando una danza macabra con una motosierra como pareja y la música del escalofriante ronroneo de ese artefacto que ha trozado los cuerpos y la vida de los jóvenes protagonistas de la cinta.

Aquel filme de 1974 se convertiría en una referencia del cine de terror contemporáneo, ya que terminó de sentar las bases del subgénero slasher de la mano visionaria de su director Tobe Hooper nacido en Austin, Texas, en 1943 y fallecido este 26 de agosto de 2017 en Los Angeles, California, a los 74 años de edad.

En su tercer trabajo como director —de los 37 que acumularía en su carrera—, Hooper utilizó técnicas del cine documental para dotar de realismo a su historia y lograr que el espectador se identificara con el peligro mostrado en la pantalla.

A diferencia de películas anteriores del género donde las víctimas resultan muy específicas y sus perseguidores tienen nítidas motivaciones para ir tras ellas, en The Texas Chain Saw Massacre cualquier inoportuno turista, estudiante hippie que se aleja de sus límites rutinarios o malhadado spring breaker a la caza de aventuras, pueden toparse con el trastorno sangriento de un carnicero, la inexplicable dieta antropófaga de una familia venida a menos o la aterradora complicidad del pueblo y la autoridad que solapa los crímenes.

Con filtros que remarcan el caluroso agosto texano, una detallada composición visual en un escenario árido e inquietante y una partitura de sonidos pulsantes que excitan los nervios, Hooper hace sentir al espectador que puede ser sometido a toda clase de perversiones macabras.

Es terror del más funcional y primitivo del ser humano que provoca que el público cierre los ojos o voltee la cara para evitar la náusea física o moral, si bien hay más escenas sugeridas que explícitas en el filme, pues se trata de ese tipo de películas que hacen ver más de lo que está en pantalla.

En 1979, Hooper llevó a la televisión El misterio de Salem’s Lot, la segunda novela de Stephen King, y se ocupó del vampiro como criatura repugnante, alejada del glamur y la sensualidad atribuidas a Drácula.

En Poltergeist, filme de 1982, Tobe Hopper con Steven Spielberg en la producción, muestra al público el sobrecogedor cruce de dimensiones paranormales a través de la pantalla del televisor, veta que el cine de terror aprovecharía en años sucesivos.

Pero, sin duda, The Texas Chain Saw Massacre es su carta de presentación. No sólo por el planteamiento y acabado magistral de la obra, sino también por la influencia que generó en la industria fílmica.

Definió el cine slasher: el del asesino que utiliza un objeto cortante para acabar con sus jóvenes víctimas, una a una, y de las que al final sobrevive una de las chicas no tanto por méritos en la trama, concesiones del victimario o porque su fuerza derrote la maldad del entorno, sino por mero azar.

Es claro que sin Leatherface no habría Jason Voorhees, Freddy Krueger, Michael Myers, Chucky y otros peligrosos asesinos seriales que comprueban, como enuncia Norman Bates en Psycho, que “todos nos volvemos locos alguna vez”.

Tobe Hooper afirmó que este tipo de películas sangrientas son necesarias porque el ser humano necesita sacar esa energía homicida, como una catarsis cinematográfica. Es un juego de valores y estados morales. Las víctimas, como cualquier persona en el mundo, dice el cineasta, “comprueban que todos podemos tener un mal día”.

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