Un colosal desastre

Calificación: 2 de 5

Siempre que veo a Anne Hathaway aparecer en una pantalla, no importa si es grande o pequeña, tiene la cualidad de hacerme sentir bien y no sé si es su sonrisa, su actitud, su simpatía, su actuación o los papeles que escoge interpretar, pero, por lo regular, lo logra.

Es por eso que el fin de semana decidí dedicar casi dos horas a ver su película más reciente: Ella es un monstruo (Colossal, 2016, Nacho Vigalondo).  Y entonces, el “siempre”, se convirtió en “casi siempre”.

Esta película, escrita y dirigida por el cineasta español Nacho Vigalondo es una buena idea ejecutada desastrozamente. Después de casi diez años de haber triunfado con Los Cronocrímenes, Vigalondo nos trae lo que los japoneses llamarían un KaijūKaijū significa “bestia extraña” y es un género cinematográfico japonés en el que monstruos gigantes atacan grandes ciudades, despertando la acción militar.

El problema de Colossal es que trata de demasiadas cosas a la vez, llevando la trama hacia vericuetos peligrosos de los cuales no sólo no sale triunfal, sino todo lo contrario: falla, dejando al espectador defraudado.

Al principio, la cinta te engancha con Gloria (Anne Hathaway) llegando a casa medio ebria y cruda, soltando un monólogo apologético sobre la noche de copas que ha pasado con amigas, mientras que su furioso novio, Tim, (Dan Stevens) escucha incrédulo, y le hace un par de cuestionamientos para culminar con un: “tus maletas están hechas, ya no puedo más con esto.”

Gloria regresa a su pueblo natal para habitar la casa vacía de sus padres en la que no hay ni una silla donde sentarse. Más tarde, lo que parece ser un afortunado encuentro con su viejo amigo de la infancia, Óscar, resulta ser una prueba que Gloria no logra superar, o sí, pero a medias.

El atribulado Óscar es lo que la autodestrucción de Gloria menos necesita: es dueño de un bar que no tiene meseras y es igual o más autodestructivo que ella, así que, además de llenarle la casa con muebles, le da un trabajo de mesera para que pueda hundirse en el alcohol sin problemas.

¿Y los monstruos? Pues resulta que dentro de Gloria vive un monstruo gigantesco, así como el que vive en todos los seres humanos y que aparece cuando personificamos la peor versión de nosotros mismos. El monstruo de Gloria es de esos que destruyen todo a su paso sin siquiera darse cuenta, pero esta criaturita no vive con ella sino en Corea del Sur y cada madrugada, cuando Gloria regresa de la fiesta, su monstruo destruye y aterroriza el centro de Seúl.

Hasta aquí, aunque extraña, la película aún podría prometernos un giro que lleve a los personajes a una resolución interesante, pero Vigalondo empieza a dejar cabos sueltos que, cual fan del deus ex machina, resuelve pobremente y ¡pum! la película se cae junto con los edificios de Seúl.

Lo rescatable de la cinta son las actuaciones y ver a una Anne Hathaway más rellenita y desaliñada de lo normal, sin dejar de ser atractiva. Pero Vigalondo tendrá que hacer otro intento para lograr salir bien librado al presentar temas como el alcoholismo, la autodestrucción y el abuso psicológico, mezclados con ciencia ficción al estilo japonés.

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