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Un hombre gruñón: El disfraz del hombre afable

El director Hannes Holm nos regala una hermosa historia en la película “Un hombre gruñón” (En man som heter Ove, Suecia, 2015) titulada así en México mientras que la traducción correcta sería “Un hombre llamado Ove”.

Ove (Rolf Lassgård) es un hombre sueco que se ha retirado y no tiene otro pasatiempo más que el de estar fastidiando perennemente a sus vecinos con reglas radicales para mantener la “armonía” y la seguridad de la cuadra. Un día, mientras termina sus deberes como autonombrado vigilante de la colonia, decide cumplir la promesa que le ha hecho a su fallecida esposa en su tumba e intenta suicidarse. Ove tratará de quitarse la vida en varias ocasiones, pero su mala suerte y sus nuevos fragorosos vecinos evitarán que lo logre, dándole un nuevo propósito en la vida.

Sus días cambiarán cuando Paravaneh (Bahar Pars), una mujer de ascendencia iraní se mude al lado junto con su esposo y sus dos pequeñas hijas. Ella está embarazada y no tiene mucho quehacer, por lo que tiene tiempo para tratar de descifrar el porqué de la actitud del hombre zafio que será su vecino. Poco a poco se irá ganando la confianza de Ove, cocinándole comida típica iraní, pidiéndole clases de manejo y logrando que le cuide a las niñas, por lo que terminarán encariñándose y trayendo nuevamente a la vida al tábano hombre.

La película no ofrece nada innovador. Si leemos cualquier sinopsis puede sonar aburrida y zalamera, sin embargo, resulta admirable lo que el director logró hacer con esta historia. El filme se sostiene por la brillante actuación de Rolf Lassgård, quien maneja sutilmente el humor que requiere la historia. Su personaje logra impolutamente enamorar al espectador por medio de flashbacks que nos muestran su pasado romántico con su fenecida esposa Sonja (Ida Engvoll), y los pequeños guiños en el presente que después nos remontan a ellos. A nivel guión es una maravilla. Es una historia simple pero delicadamente detallada que brinda más de lo que se podría pensar. Da la sensación de conocer completamente a Ove y, en ocasiones, nos hace sentir que hay mucho de nosotros en él.

Esta es una película que hace reír, que entristece y que empuja a reflexionar sobre la vida, por lo que resulta completa. Ineluctablemente es algo que vale la pena ver.

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