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Yo, Daniel Blake: La fuerza en la esperanza

Dirigida por el aclamado director Ken Loach, Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake, Inglaterra, 2016) es una excelente película que captura la parte más humana de sus personajes.

Daniel Blake (Dave Johns) es un carpintero británico que a causa de su precaria salud cardiaca es empujado a solicitar apoyo monetario al gobierno ya que no puede trabajar y necesita recuperarse. Este personaje se topará con las excesivas trabas del sistema burocrático que lo forzará a presentarse en varias ocasiones en sus oficinas en donde conocerá a Katie (Hayley Squires) y sus hijos pequeños Daisy (Briana Shann) y Dylan (Dylan McKiernan). Encontrarlos le dará un nuevo sentido a su vida, ya que formarán una relación donde el apoyo al prójimo será el valor principal, y donde cada uno de ellos se llevará una imborrable lección de vida.

Esta cinta es una crítica flagrante no solo del deshumanizado sistema burocrático sino de las lóbregas vidas a las que son empujados a vivir aquellos que pertenecen a la clase obrera. Aunque la historia puede resultar sobrecargada de secuencias lamentables, y para muchos espectadores puede parecer inverosímil o melodramática, la película resulta más realista de lo que muchos pueden creer.
Es difícil salir de la sala sin el corazón destrozado y sin tener un momento de reflexión o el empuje a siquiera atisbar qué es lo que está sucediendo en el propio sector obrero.

Lo relevante de esta cinta es que al verla no pensamos únicamente en la desdicha que vive la clase baja en Inglaterra, sino que refleja una situación que existe a nivel mundial. Que nos hace cuestionarnos sobre qué estará afrontando esta clase en nuestro país, si eso es lo que pasa en un uno primermundista.

La actuaciones destacan por ser llevadas con sutileza y recurriendo en muchas ocasiones únicamente a la mirada para transmitir emociones. La actriz Hayley Squires nos doblega con su fuerza actoral en una secuencia en la que pierde los estribos a causa del hambre, y nos arrincona a agradecer y ser conscientes de lo que tenemos cada día. Ésta es, indudablemente, una de las historias con más fuerza del 2016.

Muy recomendable.

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