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Genius: Nazis, física y sexo

Albert Einstein era un genio. Todo el mundo lo sabe. Pero … ¿qué implica ser un genio? Es decir, ¿qué pasaba por la cabeza de Einstein? ¿Cómo era con su familia, con su esposa? ¿Cómo lo percibía la gente? Y lo más importante, ¿cómo elaboraba sus teorías?

Algunas de estas preguntas serán resueltas en la serie de Ron Howard, Genius que obviamente gira en torno a un Einstein (Geoffrey Rush) que busca salir de Alemania en pleno furor Nazi, bajo la ola de antisemitismo que azotaba el país.

Así que mientras esto ocurre, vemos flashbacks que nos llevan a conocer al joven científico y a su impaciencia por ir más allá del conocimiento que los maestros de su escuela pueden darle. Pero también vemos cómo funciona la imaginación de nuestro protagonista, quien a través de la fantasía, es como explora los intrincados rincones de la física.

Vemos también que el joven científico era un muchacho al que le gustaba brincarse las reglas —en parte por considerarlas absurdas—, costumbre que se ve reflejada en su comportamiento social, escolar y marital (el profesor no creía en la monogamía, aunque estaba casado, en esa época con Elsa —Emily Watson—, tenía fama de haber tenido muchas amantes).

Al parecer, Eistein era una persona sumamente carismática, extravagante, sí pero con mucho ángel. La gente cercana lo amaba, hasta que poco a poco, en Alemania, las cosas comenzaron a ponerse feas, y unos cuantos grupos antisemitas-terroristas fueron escalando hasta extender su odio por toda la nación.

Llama la atención su desparpajo que de pronto se transforma en algo que parece franca rebeldía, pero si bien hay algo de eso, lo que en realidad ocurre es que la mente del científico va tan rápido que necesita “correr en libertad”. Cuando Einstein hace ciencia, cierra los ojos y viaja en su imaginación (que se ilustra con una animación alucinante)… por ejemplo, para probar una de las leyes de Newton, imagina una pelota viajando por el espacio hacia el infinito, cuando se da cuenta que si no hay puntos de referencia, la pelota parece no moverse, lo cual necesita un nuevo paradigma par poderlo explicar.

La serie es hermosa, interesante y entretenida, no sólo en la exploración científica sino en su visión histórica y política y por supuesto, el lado humano del científico que nos muestra su postura ante el mundo y la moral (a través de sus relaciones amorosas). Excelentes actuaciones y una producción de época impecable, redondean esta serie, que por cierto, hay que decirlo, por momentos demanda mucho de nuestra atención con su ritmo lento, en comparación a la mayoría de las series.

 

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